La unción que pudre el yugo
Daniel Cipolla
01 de June de 2006
El texto contenido en esta página fue tomado literalmente de lo expresado verbalmente
en público, por lo tanto no ha sido preparado y editado como un escrito formal.
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Traductor: Juan Ponce

 

Amados, estamos agradecidos al Señor por los tiempos especiales del Espíritu que estamos viviendo. El Espíritu se ha movido en toda época, siempre el Espíritu de ha movido, lo importante es que nosotros, sus hijos, nos movamos en la dirección del Espíritu, bajo el gobierno del Espíritu, bajo sus decisiones del Espíritu, porque dice la Escritura que “la creación gime y está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”.
Y es muy particular que hable de la manifestación de los hijos de Dios porque no solo dice hijos, sino que dice hijos que pertenecen a alguien, y ese alguien es Dios.
Son hijos de Él, porque tienen Su naturaleza.
Quiere decir entonces que lo que la creación necesita es “la manifestación del mismo Dios, pero no a través de Dios, sino a través de los hijos de Dios”.

La creación no está esperando que Dios actúe o que se manifieste, está esperando que se manifieste Dios a través de Sus hijos.
Eso es lo que produce cambio en la tierra... Dios es Espíritu y gobierna el cielo, pero en la tierra Él hizo seres de carne y hueso; y a través de esos seres de carne y hueso, llamado hombre, a quien le puso su imagen y semejanza, Dios necesita manifestarse.

Lo que es Espíritu, gobierna en el Espíritu, pero lo que es carne se gobierna por el Espíritu a través de gente de carne y hueso.

Eso es “la manifestación de Dios a través de sus hijos”.
¿Cómo es posible que suceda la manifestación de los hijos de Dios en una dimensión mayor que la que hemos experimentado hasta hoy?
¿Qué es lo que se está necesitando que se libere en la tierra a través de los hijos de Dios?

”Por tanto el Señor, Jehová de los ejércitos, dice así:
Pueblo mío, morador de Sion, no temas de Asiria.
Con vara te herirá, y contra ti alzará su palo,
a la manera de Egipto; mas de aquí a muy poco tiempo
se acabará mi furor y mi enojo, para destrucción de ellos.
Y levantará Jehová de los ejércitos azote contra él
como la matanza de Madián en la peña de Oreb,
y alzará su vara sobre el mar como hizo por la vía de Egipto.
Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro,
y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.”

(Isaías 10: 24-27)


La manifestación de los hijos de Dios está unida a esta palabra profética de Isaías, donde Dios habla a través del profeta, de una unción que tiene la capacidad de pudrir el yugo.

Si entramos un poco en la historia, nos vamos a dar cuenta que Asiria fue usada como la vara del furor de Dios.
Dios usó a Asiria para castigar a Judá y a Israel, porque su pueblo se había apartado de Él.
Para Dios, aunque son “sus hijos” y “su pueblo”, nunca los dejará sin disciplina, porque son hijos y porque son amados.
Dios usó a Asiria como vara, a fin de ejecutar su disciplina y dijo:
¡“Yo voy a venir contra ellos y la unción mía va a pudrir el yugo que ellos pusieron sobre tu hombro”.
Pero al leer el pasaje bíblico, uno se da cuenta que no está hablando solo de la unción. Una cosa es la unción y otra cosa es la unción que pudre el yugo.
Él no habla de la unción, habla de la unción que tiene la autoridad de hacer algo: “romper el yugo”.
Y cuando habla de esa unción, utiliza una palabra: “como a la manera de”.
Dice: Como lo hice con Madían… Como lo hice con Egipto.
Quiere decir que para que la unción tenga la autoridad de pudrir el yugo, tiene que ser usada a la manera de Dios.

¡Dios usando su unción a través de su gente! ¡No su gente utilizando la unción de Dios!

¡Vuelva a pensarlo! “Es Dios utilizando su unción a través de su gente y no su gente utilizando la unción de Dios”.
Hay una manera y si no es esa manera, que es la manera de Dios, la unción no tiene el poder de pudrir el yugo.
Necesitamos entrar a la Palabra, en el verdadero contexto que la Escritura dice.
Si Dios dijo: “a la manera de”, tiene que haber una manera y necesito discernirla, necesito conocerla; Él por lo menos habló de dos naciones: Madían y Egipto.



Estrategia Nº 1: “Como a Madián”


“Cuando más es menos y menos es más”.

Para nosotros siempre más es más y menos es menos, pero para Dios no es así.
Según Dios, en los momentos en que Él decide operar de una manera determinada, más es menos y menos es más.

La manera en que Dios pudrió el yugo de Madián sobre Israel.
En el libro de Jueces capítulo 7, lo hizo a través de Gedeón. La guerra que Gedeón tenía que librar era con un ejército tan grande que dice la Escritura que: “Eran como langostas en multitud”y Gedeón solo contaba con treinta y dos mil hombres.
Si a usted lo hubiesen enviado a esa batalla, para atacar a un ejército que son como langostas, incontables y le dicen que va a ir con treinta y dos mil hombres, lo primero que haría ante Dios es: “quejarse”, y decirle ¡que no es suficiente, porque no es lógico!

Pero recuerde: ¡No estamos hablando del hombre que usa la unción de Dios, sino que estamos hablando de Dios usando al hombre para liberar una unción que pudre el yugo!
¡Nunca será lógico... Ni racional!
Lo primero que hace Dios es decirle a Gedeón: “Es mucha gente”. Por lo tanto, los primeros que se van a ir de aquí son “los temerosos”.
¡Diles a los que tengan miedo, que se vayan a su casa! ¡Y hubo veintidós mil personas que tuvieron miedo!
¡Era lógico, treinta y dos mil contra langostas en multitud! Por eso tuvieron miedo, solo le quedaron diez mil.
Sin embargo aún con esos diez mil, Dios volvió a decir: “es mucha gente. Los vas a ir a probar a las aguas, y el que lama las aguas como el perro lame el agua, ése se queda contigo”.

De una u otra manera, el Espíritu Santo en la Escritura, nos está hablando del “espíritu del perro”.
Hay una característica en cualquier perro, sea el que esté cuidado en la casa o el de la calle.La característica del perro es: “Fidelidad”.

Si usted se acerca a él, esté en la calle o en su casa, muy cuidado o poco cuidado, si le da algo, ese animalito viene a su lado; y a veces, usted lo golpea porque hace algo mal y ese animal vuelve a usted y se sujeta a usted.
Dios dijo: “Con los perros de Dios voy a hacer esta obra”.
¡Así que si usted no está dispuesto a ser perro de Dios, está fuera de usar esa unción que pudra el yugo!

Los perros de Dios hacen todo lo que Dios dice, a la manera que Dios lo dice, sin importar cuándo lo dice, cómo lo dice, dónde lo dice y cuándo hay que hacerlo. ¡Simplemente lo hace!

¡Con trescientos perros de Dios voy a hacer esta batalla!
Gedeón no libró a Israel por estar ungido, ciertamente estaba ungido, pero él liberó a Israel porque “esa unción estaba bajo de Dios”.
Estaba usando la unción “a la manera de Dios”.
No era Gedeón, usando la unción que tenía para librar una batalla, era Dios usando su unción “en” Gedeón para librar esa batalla... ¿Puede ver la diferencia?

Nosotros pensamos que el éxito tiene que ver con algo que se ve grande; a nosotros nos engañan los ojos, los ciegos tienen una ventaja “no ven”.
Le puedo asegurar que, si usted no viera muchas cosas que usted decide, las decidiría de otra manera, simplemente porque no ve.
Quiere decir entonces, que muchas de nuestras decisiones están dependiendo de lo que sentimos y de lo que vemos. Usted podrá decir: “Pero estoy ungido”. Sí, porque es un hijo, pero no podrá liberar una unción que pudra ninguna clase de yugo, pues no se trata de que yo use la unción que tengo.

Por eso Sansón, aunque hizo algunas proezas para Dios, no pudo terminar de librar a Israel de los filisteos; todo el tiempo usó la unción, pero la unción no lo usó a él.
Si vemos sus batallas “nunca las luchó por una palabra de Dios”, fue “a su manera”, y tanto fue “a su manera”, que un día contra los principios del nazareo que él tenía, donde no podía tocar muerto, agarró la quijada de un asno muerto y mató a mil filisteos.
¿Quién usó la unción Dios o Sansón? Sansón.
Estaba ungido y pensaba que eso le daba el derecho a utilizar la unción que Dios le había dado.
La idea de Dios era, usar a Sansón a través de su unción para liberar a Israel del yugo de los filisteos.

En los últimos tiempos y años, se ha hablado mucho de “Igle-crecimiento”.
Permítame decir algo profético y probablemente no le suene muy bien, pero le tengo que decir la verdad:
“Antes de que la Iglesia pueda ver y entrar a la dimensión del reino de Dios, sufrirá un “igle-decrecimiento”.

A nadie le gusta oír esto, porque cuando el reino te es confrontado a ti, lo necesitas cambiar todo y la mayoría de la gente no está dispuesta, porque cuesta todo.
Dios hará un “igle-decrecimiento”, para que luego, entendiendo los principios del reino, con un remanente de valientes de Dios, vuelva a traer no ya un crecimiento, sino una “multiplicación”.
Y hay una gran diferencia entre ambos.

* Crecimiento: puede ser llamado número de gente.
* Multiplicación: significa aumento del mismo espíritu en otra gente.



Estrategia Nº 2: "Como a Egipto"

“Cuando orar es incredulidad y obrar es fe”.
Agregó: como a Egipto bajo la vara de Moisés.
Estoy diciendo que “orar es incredulidad” y “actuar es fe”.

Alguno podrá decir, “orar nunca es incredulidad”. Porque justamente si estoy orando es porque estoy creyendo. ¡No necesariamente!
Por eso dice la Escritura: Éxodo 14, que Moisés salió al pueblo y le habló acerca de que Dios lo iba a librar en ese día, estaban frente al mar y le dijo: “Nunca más verán al enemigo”.
Lanzó una profecía poderosa de parte de Dios, pero inmediatamente después de eso, Moisés se puso a orar, porque era desesperante la situación, el mar cerrado adelante y el enemigo detrás.
Dios sale al encuentro de la oración de Moisés y le dice: “¿Por qué estás orando? ¿Por qué me estás clamando?”
Yo nunca vi que alguien fuera reprendido por orar, generalmente los ministros mandan a la gente a orar, pero Dios le dijo a Moisés “deja de orar”.
¿Por qué? Porque la oración de Moisés estaba basada en su temor, no estaba basada en la Palabra, por eso en Éxodo 4, sabemos que Dios le había dado una palabra rhema, directa a Moisés; le había dicho: ¡Mira que he puesto todas estas señales en tu mano, cuida de hacer mis maravillas delante de faraón y de Egipto!
Moisés no necesitaba orar por lo que tenía que hacer, él estaba orando para no hacer lo que debía hacer.
Ése es el problema.

En el Reino somos confrontados con algunas cosas para hacer, algunas cosas para cortar de raíz y nosotros nos ponemos a orar. Decirle al Señor “que nos entienda”, “que nos comprenda”, “que nos dé la gracia”, “que nos de la fuerza para hacerlo”.
Y Dios dice: ¡Detente!
¿Por qué? Porque no puedes orar por eso, simplemente tienes que hacerlo, porque Yo ya te lo voy a mostrar.
¿Qué pasó con Moisés?
Esto quiero que lo entienda proféticamente para estos días. La Escritura dice en Éxodo 32:16, que Moisés recibió las primeras tablas de la Ley, pero tanto las tablas de piedra, como la escritura en las tablas, eran de Dios.
Moisés baja del monte, se enoja por el pecado del pueblo, quebranta las tablas al pie del monte y entonces Dios le da una nueva orden.
Y en Éxodo 34:1 dice que Dios le ordenó a Moisés: “alísate dos tablas de piedra”.
¿Qué fue lo que cambió entre lo primero y lo segundo?
Que al principio las tablas y la Escritura, todo era de Dios, pero lo segundo, parte era del hombre y parte era de Dios, por un poco de tiempo a Moisés le cambiaron el nombre, le pusieron Moisés “picapiedra”, porque se tuvo que poner a alisar tablas.
¿Qué es lo que está diciendo eso proféticamente para la Iglesia, hoy?
Porque no entró Moisés a su promesa teniendo la clase de unción que tenía, siendo el hombre más humilde sobre la faz de la tierra.
Porque en su vida hubo una “mezcla”.
Parte de las cosas las hacemos a la manera del hombre y parte de las cosas las hacemos a la manera de Dios.
“Porque Dios me da permiso”, decimos, para que alguna de las cosas yo las haga de acuerdo a mi entendimiento, de acuerdo a lo que a mí me parece mejor.
Y yo vengo a decirte de parte de Dios: Eso es mentira, en el reino, toda persona, todo ministro, todo hijo de Dios que haga las cosas mezcladas, parte con lo que le parece bueno y parte con lo que sea de Dios, no podrá entrar a la promesa de la manifestación del reino de Dios a través de su vida.
Podrá tener una organización, religión o ser evangélico, pero no podrá manifestar el reino...

Éste es el mayor peligro, que tiene en este tiempo la verdad y la unción de los ministerios apostólicos y proféticos.
Muchos ministerios apostólicos se volverán híbridos, o sea, no es ni una cosa ni la otra, no dejó de ser religiosamente evangélico, ni tampoco entró al reino, porque quiere acomodar las cosas.
Y ahora estoy hablando como un profeta de Dios y digo lo que dice la Escritura: El que lea, escuche, entienda; si usted tiene espíritu, no necesito explicarle esta palabra, tiene que cuidarse del peligro de la mezcla, porque la unción no pudrirá el yugo, no tendrá esa autoridad.
Por último le dice el Señor a Isaías:
De la manera que lo hice con Madián y con Egipto, lo haré con Asiria; como fue con Asiria...



Estrategia Nº 3: "Como a Ezequías"

“Cuando todo lo que hay que hacer es estar quieto”.
Cuando leemos Isaías 37, se ve la manera en que Dios destruyó a Asiria como lo prometió en Isaías 10; se ve la promesa en el capítulo 10, pero se ve el cumplimiento en el capítulo 37.
En Isaías 37, la Escritura dice, que el rey Ezequías fue a consultar, a pedir oración al profeta Isaías y esto tiene que ver con la palabra que Dios le dio al rey a través del profeta.

”Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella;
no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte.
Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová.
Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla,
por amor de mí mismo, y por amor de David mi siervo.

Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil
en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana,
he aquí que todo era cuerpos de muertos.
Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive.
Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc su dios,
sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada,
y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.”

Isaías 37:33- 38

¿Qué fue lo que ocurrió con el rey Ezequías? Se tuvo que quedar quieto. ¡Qué manera tan extraña de liberar la unción que pudre el yugo!
Pero cuando se quedó quieto, Dios, en este caso “mató ciento ochenta y cinco mil enemigos, y se encargó del rey, matándolo a través de las manos de sus propios hijos”.
Si usted miró con atención las tres estrategias, tiene que hacerse una pregunta inteligente:
¿Alguna de las tres fue igual?
Ninguna... Por eso dice Jesús que los nacidos del Espíritu “son como el viento”, que no sabes de dónde viene, ni sabes a dónde va.
Si tú en el Espíritu eres una persona muy predecible, seguramente, no estás caminando en el Espíritu.
Y esa unción “no pudre el yugo”.
Dios no dice que “la unción pudre el yugo”.
Dios dice que “la unción pudre el yugo”, siempre y cuando “sea usada a su manera”.

Tenemos que volver a la Escritura, para beber del espíritu de la Escritura, tomando el verdadero contexto de la Palabra, para comprender lo que Él dice. Por eso hemos orado para que Dios rompa la unción sobre las naciones, pero muchas cosas no han funcionado y no las vemos funcionar, porque solemos hacer las cosas como ya sabemos hacerlas.

Últimamente hay una pregunta que cada vez resuena en mi corazón, y que le hago tanto a la gente como a los ministros cuando conversan conmigo; a veces hablan conmigo de diferentes cosas que aún no funcionan y me comentan qué fue lo que hicieron y mi pregunta es:
¿Lo que hiciste, quién lo dijo?
Lo que vas a decidir mañana, ¿quién lo dijo? Dónde vas a ir, ¿quién lo dijo? La decisión que vas a tomar, ¿quién lo dijo?
Si Él no lo dijo, Él no tiene porqué utilizar una unción y pudrir el yugo.

Te lo demuestro con la Palabra:
Jesús, el Hijo de Dios, repitió hasta el cansancio estas palabras “el Hijo no puede hacer nada, por sí mismo”.
¿De quién está hablando? De Jesucristo.
Pero quiero que mire el principio, está diciendo el Hijo, Dios ahí está hablando no sólo del Hijo Jesucristo, sino que se está extendiendo a todos los que luego de Él, por su redención sean llamados “hijos”.
¿Qué está diciendo de los hijos? Que los hijos no pueden hacer “nada por sí mismos”.
Lo escuchamos, lo entendemos, lo sabemos, pero a la hora de actuar “actuamos por nosotros mismos”.
Si usted es honesto delante de Dios, tendrá que decir “que la mayoría de sus decisiones, oró, pero como aparentemente no recibió nada y había que actuar, simplemente hizo “lo que mejor le pareció”.

Eso significa dos cosas:

1. Que no he muerto, porque un muerto no actúa.

2. Que todavía creo que en mi viejo hombre o mujer, hay algo de bueno en lo cual todavía Dios se puede agradar.

Le voy a decir algo muy poderoso: Nosotros creemos que Dios tiene un problema con todo lo malo que hay en nosotros, rencores, odios, iras, contiendas, malos deseos, malos pensamientos, y ciertamente Dios tiene problemas con eso. Pero usted y yo, no creemos que Dios tenga problemas con algunas cosas como ser amor, afecto, buenos sentimientos, cariño.
Usted dice: ¡Dios no puede tener nada malo con eso!
Sin embargo, sí. ¿Pero cómo y porqué?
Es muy es muy sencillo, porque lo que nace de la carne, sea malo o sea bueno, no puede agradar a Dios.
¡Qué fácil es arrepentirnos de lo malo! ¿Alguna vez, se arrepintió de lo bueno?
¿Le pidió perdón al Señor porque ama con su amor natural? ¿Cuándo hizo esa oración?
¿Cuándo le dijo a Dios, perdóname porque estoy amando a mis hijos con amor natural?
Estoy hablando seriamente, como un profeta de Dios.
¡Si usted nunca le pidió perdón por esto, es hora de que se saque la venda que tiene en sus ojos y le pida perdón.
Porque el amor natural, siempre hace y tiene una característica: Se llama acepción de personas.

Con este ejemplo se lo voy hacer comprender lo que estoy diciendo:
Todo el mundo necesita ser salvo, lloramos por la gente para que sea salvo.
¿Sí o no?
Supongamos que en este momento el hijo de su vecina está perdido y usted lo sabe y ora por él, porque está perdido; pero resulta que su hijo está pasando un terrible momento y “también está perdido”.
¿Por quién ora más? Por su hijo.
¿A quién ama más Dios a su hijo o al hijo de su vecina?
Porque el amor de Dios “no hace acepción de personas”.
Todo lo que los cristianos hacemos está hecho con nuestras cosas naturales... Ésta es una palabra completamente “directiva”, porque necesitamos ser confrontados con algunas cosas en forma directa, pero no para oír, sino para hacer.
Quiere decir entonces, que cuando la Escritura dice: haya en ustedes el mismo sentir, que hubo también en Cristo Jesús”, me está hablando de la naturaleza del Hijo.
¿Cuál es la característica de la naturaleza del Hijo? ¡Obediencia total!
Jesús dijo: no puedo hacer nada; no es que no quiero o que me aguanto para no hacer… que es lo que hacemos nosotros. Y decimos: ¡Estoy haciendo la voluntad de Dios, pero cómo me cuesta! A usted le cuesta, porque no es un muerto.
Jesús dijo: “… hacer tu voluntad, Dios mío me ha agradado”.
Hay una gran diferencia.

¿Desde qué naturaleza estás viendo tu vida cristiana?
No estoy negando si eres o no de Cristo; no estoy negando si tienes la unción o no; no estoy hablando si hablas en lenguas; no estoy diciendo si pones las manos sobres los enfermos y sanan; no estoy diciendo si has dado ofrenda y Dios te ha respondido... Todo eso puede ocurrir, pero no significa que Dios pueda manifestarse a través de mí.
Porque para que Dios pueda manifestar la unción que pudre el yugo a través de mí, necesita que esa unción sea utilizada, desde la naturaleza de “Hijo”, desde la naturaleza divina que me ha sido puesta desde el día que estoy en Cristo Jesús.

Quiero mostrarle por el Espíritu, dos estrategias más, que tienen que ver con dos hombres de Dios:



Estrategia N٥ 4: "Como a Pedro"

“Cuando obedecer es la clave para entender”
En Hechos 10: 9-16, dice la Escritura que el Espíritu del Señor le habló a Pedro, porque Pedro tenía algo que hacer del reino... Pedro tenía unas llaves y nadie más las tenía, no las tenía Juan, no las tenía Mateo, no las tenía Jacobo...
Las tenía Pedro, el Señor se las había dado a Pedro y el que las tenía que usar era Pedro, él era responsable de usar una unción que pudriera el yugo; usó esa unción ciertamente y la usó por primera vez en Pentecostés a su pueblo, los judíos. Lo hizo a la manera de Dios y se abrió la puerta del reino de Dios a los judíos.
Pero en este pasaje, Dios está confrontando a Pedro de nuevo a usar esas llaves, porque ahora Dios quiere liberar a través de Pedro la unción que pudriría el yugo de los gentiles.
¿Cuál fue la situación? Siempre que Dios quiere usar “Su unción a través de nosotros”, Él lo hace “a Su manera” y la manera que Él usa, y no tiene nada que ver con nuestra lógica.
No respeta nuestro razonamiento, no respeta nuestra cultura, no respeta nuestro sistema; entonces Dios le dice y le muestra tres veces una visión, un lienzo que baja con animales de todo tipo y luego la voz de Dios que habla dos veces y le dice Pedro mata y come; y él le dice que no, sabe que es el Señor pero dice que no.
Por un rato largo Pedro queda atónito, no sabe qué hacer, el Espíritu le habla y le dice, desciende con esos hombres, ve con ellos a la casa de Cornelio porque ahí te voy a hacer usar las llaves del reino, para que uses la unción que pudre el yugo, sobre todos los gentiles de todas las naciones de la tierra.
¡Qué poderoso era lo que tenía que hacer Pedro!
¿Cuál fue el problema de Pedro? El mismo problema tuyo y mío: ¡Quería entender!
Es fácil escuchar, pero permítame decirle que si a usted le dicen que tiene que obedecer sin entender, yo no le creo. Porque tenemos un serio problema con la razón. En realidad la razón, nuestras opiniones y pensamientos han tomado el lugar de Dios y cuando no nos parece lo que nos dicen, aún por el Espíritu Santo, no lo hacemos, sencillamente porque no lo entendemos o porque no nos parece.
Surge una pregunta: Si el que está hablando es Dios y yo no lo hago porque no me parece: ¿Quién termina siendo Dios?
Ése era el problema de Pedro en esa situación.

Qué tremendo cuando filtramos lo que Dios nos dice a través de nuestros pensamientos y nuestra cultura, Pedro estaba mirando la visión como judío y para ese judío que estaba viendo esa visión eran animales inmundos que él no podía comer.
Si él se hubiese quitado los anteojos de lo judío y se hubiese puesto los anteojos del Espíritu, él hubiese visto que el Señor no le estaba hablando de animales inmundos, le estaba hablando de gentiles santificados...
Esto surge del pasaje bíblico, allí el Señor le dijo: A lo que yo limpié,no llames tú común. (Referido a la visión).
Es decir, que un apóstol del Cordero, que caminó tres años y medio con Jesús, fue discípulo directo de Jesucristo, no entendía lo que Dios le estaba diciendo, sencillamente, porque lo estaba pasando por su cultura y razonamiento.
¡Quería entender! Pero de golpe rompió con esa perplejidad, dejó a un lado sus preguntas, hizo a un lado su cultura y como un niño que no tiene conciencia, simplemente obedeció y fue.
Y cuando fue, y cuando obedeció, Pedro dijo:
¡A mí me ha mostrado Dios, que no llame a ningún hombre común o inmundo!
¿Cuándo entendió Pedro, antes o después de obedecer?
Fue después.
Ésta es la estrategia, nunca habrá una estrategia igual a la otra.
Ésta fue la manera en que Dios usó a Pedro, para liberar la unción que pudre el yugo.
De igual manera hizo el Señor con Pablo.



Estrategia Nº 5: "Como a Pablo"

“Cuando sus caminos son mis caminos”.

La Escritura dice que sus caminos no son mis caminos y sus pensamientos no son nuestros pensamientos...
Es un momento especial en la vida de Pablo, él está recibiendo una tremenda impresión de Dios en su espíritu y conversa esto con los ancianos de Éfeso y les dice estas palabras:

”Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén,
sin saber lo que allá me ha de acontecer;
salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio,
diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.
Pero de ninguna cosa hago caso,
ni estimo preciosa mi vida para mí mismo,
con tal que acabe mi carrera con gozo,
y el ministerio que recibí del Señor Jesús,
para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”

Hechos 20: 22-24


Pablo estaba ligado en su espíritu por una orden del Espíritu a su espíritu. “Yo te estoy enviando a Jerusalén y allí vas a sufrir”.
Y quiero que vea algo trascendente en esto. Pido a Espíritu Santo que hoy nos entregue un entendimiento especial a nuestro espíritu de lo que vamos a ver en esta última estrategia...
Pablo está con unos discípulos, en Tiro.

“Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días;
y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén.”
Hechos 21: 4


“Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo:
Hágase la voluntad del Señor.”

Hechos 21: 14


Hay algo trascendente en esto, ponga una atención especial, por favor.
Pablo tiene una orden es su espíritu, que viene de Dios: “Tiene que ir a Jerusalén”.
Cuando llega con los discípulos, estos que “tienen unción y revelación”, porque la Escritura dice: “que el Espíritu les mostró lo que Pablo iba a sufrir”, inmediatamente le dijeron: “Pablo no subas a Jerusalén”.
Más adelante, aparece un profeta llamado Agabo que toma el cinto de Pablo, se ata sus pies y sus manos y dice: “Así ataran los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto”.
Si vemos lo que dice Agabo, está confirmando lo que Pablo siente.
Termina la profecía de Agabo y vuelve la Escritura a decir que los discípulos: “vuelven a tratar de disuadir a Pablo de ir a Jerusalén”.
Los discípulos tienen la unción y la revelación, pero el punto es que, estaban usando esa unción y esa revelación, pero estaban interpretándola “bajo sus propios criterios”.
Y cuando Dios les mostró que Pablo iba a sufrir, “sacaron una conclusión equivocada” y dijeron: “Si va a sufrir, entonces no tiene que ir”.
¡Cuidado con eso, porque es el falso evangelio de prosperidad que hoy se predica!
¡Si usted va a sufrir, eso no es de Dios!
¿Quién dijo eso? No está en ningún lado de la Biblia.
Quiere decir que: Los ungidos discípulos, con gran revelación “Tenían una unción inoperante”, una unción que no podía pudrir ningún yugo.

Es más, era una unción que estaba “estorbando los propósitos de Dios”.
Le hago una pregunta:
¿Dios está usando la unción en usted o usted está usando la unción de Dios?
Desde pastores hasta el ministro más humilde, necesita contestarse esto.
¿Está seguro que Dios está usando la unción en usted?
Porque probablemente, lo que a usted le parezca excelente y lo apruebe con todo su corazón “este siendo un estorbo a los propósitos de Dios”.
Quiere decir que tener revelación no basta, cuando usted tiene una revelación para algún hermano y va a decirle la revelación, el problema que no le dice la revelación sino lo que interpreta de la revelación. Y mi interpretación está equivocada y me transformo en un estorbo para el plan de Dios en el hermano.
Algunos dicen: Yo creo que Pablo no tendría que haber ido.
Es más, hay predicadores que dicen que Pablo no debería haber ido.
Y que dicen: “Si yo hubiese sido Pablo, no hubiese ido”.
A lo que yo le respondo: “Por eso tú no eres Pablo... Y nunca lo serás”.
Porque la Escritura determina claramente, que la voluntad perfecta de Dios era que Pablo estuviese en Jerusalén.

”A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo:
Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén,
así es necesario que testifiques también en Roma.”

Hechos 23:11


¿Quién le habló en esa noche? El Señor mismo, se le presentó y le dijo:

Anímate, porque estuviste en Jerusalén por mi perfecta voluntad y ahora de la misma manera vas a ir a Roma”
“Así que, menos mal que no te dejaste estorbar por esos ungidos discípulos de Tiro, que no estaban entendiendo mis planes para ti”.

Evadir o elegir el camino, era abortar lo que Dios tenía diseñado para Pablo.

Generalmente los cristianos, elegimos lo agradable y evadimos lo desagradable.
Si usted elige lo desagradable, estaría loco, porque no se trata de elegir lo desagradable, pero tampoco se trata de elegir lo agradable.
Elegir: “Aborta el plan”.

Una pregunta que frecuentemente me hacen, que tiene que ver con “elegir” a la que siempre respondo lo siguiente:
Hace muchos años que le dije al Señor, “que no elegiría”.
Él tiene que elegir, porque yo no me pertenezco, yo le pertenezco, Él puede llevarme adonde quiera y cuando quiera, Él puede moverme adonde quiera y cuando quiera.
Pastores, líderes, les hago una pregunta y se la tienen que responder, no porque Dios se lo pida, pero si se lo pide, usted tiene que saber en su interior su respuesta.
Si mañana le dice Dios: “Dejas todo lo que levantaste, todo, todo, te vas mañana mismo, lo sueltas absolutamente todo y te quiero en tal lugar, iniciando nuevamente de cero, sin nada, todo... ¿Usted lo hace?
Algunas esposas pelearían con los esposos y viceversa, porque hay de los dos; alguno diría, “es que no se trata solo de la Iglesia, tengo un muy buen trabajo”... Sea el varón o la mujer.
¿Sabe por qué Abraham es el padre de la fe? Porque nadie estuvo tan dispuesto como él para hacer todo lo que Dios le pidiera sin importar el precio.
Y para hablar de una paternidad, como la de Abraham, si queremos tener su característica, tenemos que estar dispuesto a aceptar los desafíos de Dios, para ser “un padre” de esa naturaleza.
No se trata de la unción, todos estamos ungidos, pero lo que me preocupa los últimos años, es que la unción no esté pudriendo los yugos.
No me quiero llevar por palabras bonitas y emocionalismo, yo creo en las palabras proféticas, pero todas ellas tienen condiciones y si sé que no llego a la altura que Dios pone, no se puede liberar lo que Dios dice.
La manifestación del Reino, está relacionada con la manifestación de los hijos de Dios, con una unción que tiene el poder de pudrir el yugo.
Usted probablemente diga: no soy líder, ni pastor, ni maestro, soy un simple miembro de una Iglesia, trabajo todos los días y vuelvo a casa, para mí no es eso...
Si usted es hijo, es para usted, ¿o cree que Dios no habla a los que trabajan ocho o doce horas y vuelven a su casa, cree que solo es para los ministros?
No, esto es para los hijos.

Para cualquier hijo, en cualquier lugar, “Dios quiere una unción que pudra el yugo”

Por eso voy a hacer una oración de tal manera que lo humano sea consumido por lo divino, pues últimamente estoy viendo algo que me está produciendo mucho dolor, estoy viendo gente bonita del Señor y ungida pero que siempre tiene demasiado en cuenta lo humano, cuando usted habla lo espiritual esa persona siempre lo va a llevar a hablar de lo natural, y estoy viendo que todos esos se quedan atrás, son lindos hermanos, son ungidos pero no llegan.
Para ellos es demasiado importante lo natural, y sus conversaciones son sobre lo natural, lo espiritual es para el tiempo del culto...
Necesitamos despojarnos de algo en este tiempo para andar en esa clase de unción.
No dudo de la unción que el Señor me dio, pero debo reconocer, que no siempre puedo liberar una unción que pudre el yugo.
Y en algunas cosas actúo como lo creo conveniente, y éste es el punto, una unción que pudra el yugo.
Urgentemente la Iglesia la necesita, quiero orar con todo aquel que sabe que necesita esto, no hay nada peor que estar a medias en las cosas.
O me entrego por entero o prefiero hacer otra cosa, para hacer lo que Dios quiere.
Tómese un momento para reflexionar sobre todo lo que está decidiendo en su vida y se pregunte si de verdad lo que está haciendo, lo está haciendo a la manera que le fue ordenado por la unción, o simplemente Dios nos lo dijo y nosotros lo hacemos como nos parece.
Siempre recuerdo que Saúl dijo: “Hice todo lo que Dios me dijo”.

Sí, ciertamente había hecho lo que Dios le dijo, pero no lo había hecho como Dios se lo había dicho. Por eso Samuel le dijo: “Si no me acuerdo mal, la orden fue de que mataras todo, hasta los niños de pecho, pero estoy escuchando unas vaquitas por ahí...”
¡Ah no, eso es un detalle! ¡Es que amamos tanto a Dios, que agarramos lo mejorcito para ofrecérselo a Él!
Es muy fácil criticar a Saúl. ¿Usted nunca hizo lo mismo?
Dios dijo algo así, y usted dijo: ¿Señor hasta los niños de pecho? Eso es gravísimo, yo no puedo hacer eso que me pides.
Quizá no fue esto literalmente, pero probablemente Dios le habló algo “duro”, relacionado con usted y su casa, pero usted dijo, esto yo no lo hago, entonces mejoró el plan y le dice a Dios: ¡Yo lo hice, Señor, pero solo “esa partecita”!... Y Dios le dijo a Samuel: ¡Este “tipo” no me sirve! ¡Lo desecho como rey! Porque si no puede obedecer dos simples ordenes que le acabo de dar, ¿Cómo va a gobernar mi pueblo?

Es fácil criticar a Saúl, pero también es fácil hacer lo que él hizo. Es mejor darle el plan a Dios. ¡Traerle algunas ideas geniales! ¡Señor te traje lo mejor para ti!
Y Dios te dice:

“Lo mejor para mí, es tu obediencia absoluta”.
Que lo natural venga bajo el gobierno de lo divino, que nunca perdamos la unción.
La Iglesia necesita volver a la sencillez de esta
“unción que pudre el yugo”.




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