Secretos para que el mundo crea - Tercera parte
D. Dardano, D. Cipolla, H. Cipolla
15 de June de 2019
El texto contenido en esta página fue tomado literalmente de lo expresado verbalmente
en público, por lo tanto no ha sido preparado y editado como un escrito formal.
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(Hernán Cipolla)
Una nueva oportunidad para estar juntos compartiendo la Palabra, viendo lo que el Espíritu Santo nos quiere enseñar y profundizando más acerca de esos secretos que el Señor quiere revelarnos en este tiempo para que el mundo crea.
Recordemos que estamos hablando desde la parte uno de esta enseñanza como tema principal, acerca de evangelizar, acerca de llegar a la gente con el evangelio, pero ver una transformación poderosa de parte del Señor, pero para esto somos conscientes que hay muchas cosas que el Señor nos está revelando y que está sacando a la luz para que tengamos un fundamento sólido y entendamos lo que el Señor nos mandó a hacer.
Precisamente, vamos a hacer un pequeño resumen con respecto a lo que vimos en la parte dos de la enseñanza.

Uno de los temas que vimos es que: Dios nos amó con amor ágape.
Ágape describe el amor incondicional de Dios por la humanidad, es un amor que se ofrece de manera sacrificial y por decisión de la voluntad, este amor no puede ser interferido o no puede ser mermado por la respuesta positiva o negativa de aquellos que son objetos de este amor, es un amor muy particular es el amor que viene de Dios.

Pero unido a lo anterior también aprendimos acerca de: Amar a Dios con la mente.
Veíamos que esto, aunque humanamente nos parezca raro, sobre todo porque entendemos el amor a nivel de los sentimientos o de las emociones, en realidad, amar a Dios con la mente significa un acto deliberado de alguien que transforma su pensamiento en una decisión de su voluntad. Es decir, es una persona que no vive conforme a cómo va cambiando la situación, las circunstancias o sus sentimientos, sino que ha decidido amar al Señor con cada parte de su ser.

Por otra parte aprendimos también que: Somos perfeccionados en el amor.
¿Cuándo ocurre esto? Cuando expresamos plenamente en y a través de nuestras vidas el amor de Dios, éste es el único camino en el que somos perfeccionados en el amor, es decir, alcanzamos la plenitud y la madurez en el amor que el Señor derramó en nosotros.
Vimos también que así como un espejo refleja la imagen de quién se pone frente a él y leíamos que el agua refleja la imagen del rostro, también el apóstol Juan puso ante nosotros un espejo, que es un espejo espiritual a través del cual podemos reconocer nuestra realidad sin engaño.

¿Y por qué decimos esto? Porque hay algo que necesitamos recordar y lo vimos en la enseñanza pasada: Sólo conocemos a Dios si amamos a los demás con su amor.
Es decir, el no amar a los demás como Dios ama, sería engañarnos a nosotros mismos, creyendo que estamos amando, pero haciendo uso de un amor que no es el amor puro que viene de Dios. El amor de Dios en nosotros es manifestado cuando nuestro objetivo de vida es amarnos los unos a los otros con el amor de Dios.
Por eso empezamos a ver varios pasajes del apóstol Juan, y es muy importante darnos cuenta que el apóstol Juan hace énfasis con respecto al amor, pero en el desarrollo de la vida entre el cuerpo de Cristo, es decir, cómo se manifiesta el amor de Dios entre los creyentes, entre los hermanos en Cristo.
Entonces, la evidencia de que en verdad pertenecemos al Señor y vivimos en la luz, es la manera en cómo nos amamos unos a otros. Quiere decir, que en todas nuestras relaciones como hermanos, la autenticidad es lo que caracteriza al amor verdadero. Este amor no se conforma con expresar palabras bonitas o sentimientos de amor sino que acompaña las expresiones con hechos, con acciones concretas, por medio de las cuales se ocupa de sus hermanos y busca siempre la manera de bendecirlos.

Ahora bien, ya hicimos el resumen de la enseñanza anterior pero necesitamos seguir profundizando acerca del amor, y para hacerlo, el primer pasaje que vamos a leer va a ser el de 1 de Corintios, capítulo 13, versículos 2 y 3, dice así:

“Si tengo el don de profecía
y entiendo todos los misterios

y poseo todo conocimiento,
y si tengo una fe que logra trasladar montañas,
pero me falta el amor, no soy nada.
Si reparto entre los pobres todo lo que poseo,
y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas,
pero no tengo amor, nada gano con eso”.

1 Corintios 13: 2-3 / NVI

El apóstol Pablo empezó esta enseñanza hablando sobre el amor, pero referido a temas que son vitales o muy importantes en la vida cristiana, porque mencionó asuntos como la profecía, el entender misterios, el tener conocimiento, el ejercitar la fe a nivel de poder trasladar montañas.
Estos son asuntos realmente de peso en nuestra vida espiritual, pero al mismo tiempo que es parte de la vida espiritual y de los hijos de Dios, se refirió a acciones prácticas de un desprendimiento total, eso podría ser como lo que él menciona repartir a los pobres todo lo que poseemos, o aun dice, entregar nuestros cuerpos para ser quemados o consumidos por las llamas; lo sorprendente es que termina ambos ejemplos diciendo, que todo eso no tiene ningún valor si no tenemos amor.

Ahora, todos sabemos que el Señor nos ordenó estar dispuestos a entregar la vida en sacrificio por nuestros hermanos, entonces a simple vista, pareciera que lo que Pablo está diciendo contradice lo que dijo Jesús o por lo menos no coincide. ¿Por qué razón? Porque si alguien afirma que está dispuesto a dar todos los bienes, a dar todo lo que posee a los que tienen necesidad, aún está dispuesto a entregar su vida hasta el punto de que lo quemen vivo por el bien de alguien, quiere decir que esa persona está siguiendo el camino que el Señor marcó... sin embargo, Pablo dice que no es así. ¿Por qué no es así? Porque lo que Pablo está queriendo que veamos y que pongamos el énfasis, es en la fuente de donde se impulsan nuestras acciones.
Es decir, una persona, y el mundo está lleno de personas así, una persona puede hacer actos realmente sacrificiales y aún entregar su vida por una causa y por una buena causa, pero en el fondo lo que lo motiva es esos ideales que tiene, digamos muy arraigados en su mente y en su corazón, puede querer buscar una realización personal, puede tener aun el orgullo de decir, yo me sacrifico por los demás.
Sin embargo aquellos que tienen su fuente en el amor de Dios son los que van a entender el significado de estas acciones prácticas, porque las van a estar haciendo con la fuente y la base correcta.

Si observáramos el pasaje como si Pablo hubiera hecho una comparación entre el amor que el mundo puede ofrecer y el que brinda la Iglesia, es obvio que la diferencia es totalmente abismal; mientras el mundo desconoce el amor de Dios, la Iglesia no sólo lo conoce, sino que es portadora de ese amor para manifestarlo a los demás.
Lo curioso es que Pablo habló del amor en el contexto de asuntos espirituales y prácticos que se desarrollan en la Iglesia como la profecía, el conocimiento, la fe y como dijimos, también en acciones prácticas como de dar al necesitado o entregarse. Esto significa que si nuestras obras están impulsadas por otros motivos, por otros intereses que no sean el amor de Dios en nosotros, de nada sirve lo que estamos haciendo, es decir, si el amor de Dios no es la fuente, Pablo declaró por el Espíritu, no somos nada, ni tenemos nada, sin importar la cantidad y calidad de obras espirituales y compasivas que hagamos en el nombre del Señor.

(Daniel Cipolla)
Estaba pensando esto mientras dijiste esto, me acordé un pasaje en el Antiguo Testamento donde dice la Escritura que los israelitas apartados de Dios hacían pasar a su hijo a su hija por el fuego para el dios Moloc, es verdad, y otros dioses de los de ellos. Y uno piensa y dice, oh wow, ¿no? Hacer eso es entregar a mi hijo que es sacrificial, que es sacrificial, y Dios, ¿sabe qué dice? Cosa que jamás se me cruzó por la mente, claro, claro, esto es un ejemplo perfecto se pueden hacer este tipo de cosa y confundirnos, y si lo hago cuánto amor tenía, ¿de qué amor estamos hablando? Claro, ¿estamos hablando del amor de Dios o estamos hablando de otras motivaciones?
Por eso, cuando la Escritura afirma que el día que seamos juzgados son las motivaciones las que son juzgadas ahí nadie va a poder tapar nada, es cierto, ahí nadie va a poder decir esto, porque eso va a quedar desnudo y ahí es donde lo perdemos todo o lo ganamos todo porque todo depende de las motivaciones, pero me vino como rayo y recordé y dije wow y Dios dijo, ni siquiera se me cruzó por la mente. ¡Tremendo!

(Daniel Dardano)
¿Cuánto hay de sacrificial que no tiene nada que ver con el amor de Dios que Hernán nos está hablando? Eso no tiene nada que ver, claro.
Ahora, este mismo Pablo que le escribió a los corintios le escribe a los filipenses y vamos a ver qué les dice a los filipenses:

“...llénenme de alegría teniendo un mismo parecer,
un mismo amor, unidos en alma y pensamiento.
No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad
consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.
Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses,
sino también por los intereses de los demás.
La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús”...

Filipenses 2: 2-5 / NVI

Al leer este pasaje de Filipenses y haciendo una comparación con lo que Pablo le escribió a los corintios, esto nos da una mayor comprensión de lo que el apóstol Pablo quiere decir del amor cuando dice, tengan un mismo amor. ¿Por qué? Porque en la Iglesia de Cristo no hay dos tipos o dos clases de amor, hay un sólo amor, que es el amor del Señor que fue derramado en nuestros corazones como ya hemos visto, y esto necesitamos afirmarlo, no es otro tipo de amor, es el amor del Señor tanto el que Pablo habla a los corintios como el que habla a los filipenses y dice, tengan un mismo amor.

Entonces, este amor, ¿qué es lo que va a producir? Una unidad de criterio, una unidad de pensamiento, una unidad de alma, y esto es entre los miembros del cuerpo de Cristo, este fluir del amor de Dios entre los miembros del cuerpo de Cristo, conduce a acciones muy concretas que voy a leer:

Considerar a los demás como superiores a uno mismo.

Cuidar de los intereses de nuestros hermanos como si fueran los nuestros.

Tener la misma disposición de espíritu y actitud que tuvo Cristo Jesús.

Esto Pablo no lo inventó, Pablo no hizo un seminario de motivación para hablar del amor, Pablo tomó de la misma experiencia de Jesús para decir, ustedes tienen una identidad como hijos de Dios, entonces desde esa identidad, consideren a los demás como superiores a ustedes mismos; además, ustedes pueden cuidar sus intereses, pero con el mismo amor e interés cuiden de los intereses de los otros.
Pero también está diciendo, tengan disposición para tener la actitud que tuvo Cristo Jesús, siempre hablamos de la actitud de Cristo Jesús, humildad.
La humildad es la clave para desarrollar todo lo que estamos hablando y el apóstol Pablo lo recalca. Cuando tomamos en cuenta esto y volvemos a las palabras de Jesús y como miembros del cuerpo de Cristo lo practicamos, entonces cumplimos lo que dijo Jesús cuando dijo:

“De este modo todos sabrán que son mis discípulos,
si se aman los unos a los otros»”.

Juan 13: 35 / NVI

El mundo conocerá que amamos a Dios y que somos discípulos de Cristo cuando nos amamos entre nosotros, pero además, si mantenemos este amor y practicamos este amor, la salud del cuerpo de Cristo, de la Iglesia, se mantiene.
Y esto que estamos diciendo es vital, no puede haber en la Iglesia enfermedad por falta de amor, quiero ser claro en esto, hay iglesias que están enfermas por falta de amor, hay actividades, hay programas, se desarrollan ministerios, puede haber excelencia en todo, pero si falta el amor y lo veíamos en 1ra. Corintios 13, todo se pierde, nada sirve, porque Dios no lo toma en cuenta.

Entonces queridos algo vital para tomar en cuenta, si la Iglesia va a estar sana, la práctica y el ejercicio del amor, mantiene la salud del cuerpo de Cristo. ¡Amén!

(Daniel Cipolla)
Justamente, de esto a lo que te estás refiriendo, el apóstol Pedro a través de un pasaje lo mostró de manera práctica, ¿cómo vamos nosotros a mantener o a preservar la salud en el cuerpo?
Vamos a 1 de Pedro 4, verso 8, que dice de esta manera:

“Sobre todo,
ámense los unos a los otros profundamente,
porque el amor cubre multitud de pecados”.

1 Pedro 4:8 / NVI

Sólo la línea o la frase sobre todo indica algo que es sobre todo.
No hay algo más arriba y esta frase del apóstol que el amor cubre multitud de pecados, en primer lugar, puede parecer confusa o también según como se piense de ella puede interpretarse de una manera totalmente inadecuada, sin embargo yo podría definir esta frase como la sal del amor, ¿por qué llamamos a esta frase así? La sal del amor. Porque nosotros sabemos que en la antigüedad, que no había refrigeradores, muchos alimentos tenían que ser preservados y para ser preservados el único elemento que servía para hacerlo hasta su consumo, era la sal, es decir, la sal preservaba que el alimento no se corrompiera.

Si vemos esto y comparamos esta idea con el amor, podemos ver que el amor de Dios de los unos a los otros, prácticamente desarrollado en la Iglesia, tiene el poder, ¿de qué? De preservar a la Iglesia de un estado de salud permanente, de esto está hablando el apóstol Pedro. Mantengan sobre todo el amor de los unos a los otros porque es como la sal que resguarda el alimento, preserva la salud espiritual de la Iglesia.
Cuando eso ocurre, ¿qué vemos en una iglesia que tiene esto? Vemos espíritu perdonador, espíritu de restauración para con otros creyentes. Entonces, si este amor no se entiende en la iglesia y no se practica adecuadamente, lo que ocurre fácilmente usted lo puede identificar, es que comienza a fluir un espíritu de juicio hacia cualquier hermano que falla, cualquier hermano que comete un pecado y ese espíritu de juicio, el diablo lo usa muy bien, porque empieza a arrastrar a la iglesia local hacia una descomposición de las relaciones, la comunión y la unidad del cuerpo.
Claro, todos somos conscientes que debemos alejarnos de este tipo de actividades destructivas, porque son destructivas, por eso cuando el apóstol usó el término cubrir, debemos no confundirnos.
Él no estaba dando a entender que debemos hacernos cómplices de aquel o aquellas personas que cometieron un pecado y ahora estamos al lado de ella, no, no, no, no, el apóstol Pedro no está diciendo esto. El verdadero sentido de la palabra cubrir, aún se encuentra en el Antiguo Testamento, porque cuando uno va a las Escrituras del Antiguo Testamento, por ejemplo tomo alguna de ellas, cuando el Espíritu habló a través de Salomón en uno de los Proverbios, él enseñó que el odio y la rencilla dividen pero el amor cubre todas las faltas, esto está en Proverbios 10: 12, y en otro Proverbio dice, que cubrir significa perdonar la falta, perdonar las ofensas, es más, dice que es perdonar las ofensas sin divulgarlas, sin divulgarlas además agrega, y nos advierte del peligro de insistir en una ofensa, porque si insistimos en una ofensa vamos a causar divisiones. Esto está claramente establecido en Proverbios 17: 9 y justamente en la Versión NVI la palabra que es utilizada en la Reina Valera como cubrir en la NVI está utilizada como perdonar.
Quiere decir, que la idea de cubrir o perdonar, se usaron indistintamente, un pecado es cubierto cuando es perdonado, no cuando es tapado para hacernos cómplices, queremos ser claros en lo que el apóstol Pedro está tratando de decir cuando habla que el amor cubre multitud de pecados, el amor perdona multitud de faltas, no insiste en la falta y no produce de esa manera divisiones.

Así que, Pedro obviamente basado en el sacrificio perfecto y no en un animalito sino en el sacrificio de Cristo, dice que cuando un hermano peca y otro sabe de la falta del hermano, no debe exponerlo, lo que debe hacer es conducirlo con amor a que el hermano se arrepienta, ¿por qué? Porque en ese momento uno se convierte en un instrumento en las manos del Señor, que no está buscando nunca avergonzar al hermano, lo que está buscando es que los pecados de ese hermano sean cubiertos, es decir, sean completamente perdonados por Cristo. Y creo que muy pocas veces se trata este tema de cómo es cubrir los pecados y se entiende como tapar, tapamos todo como si echáramos la tierra debajo de la alfombra y la tapamos... no, no es lo que está diciendo, al contrario, la quitamos, pero nunca avergonzamos a los hermanos.

(Hernán Cipolla)
Y es notable, también, porque ahora yo voy a leer otro pasaje, luego Daniel va a continuar, que es un tema también repetido en el Nuevo Testamento. Uno pensaría que este tipo de actitudes está mencionado una vez y ya... No, es algo que los apóstoles dejaron por escrito para que la Iglesia sepamos cómo conducirnos para ayudar a un hermano que cayó de esta manera, pero qué es lo notable, que todo tiene la base en el amor. Solamente por el amor de Dios podemos actuar como la Palabra dice, si le quitamos el amor le quitamos la esencia y nunca vamos a ser efectivos.
Por eso, quiero leer un pasaje escrito por Santiago en el capítulo 5 versículos 19 y 20 dice así:

“Hermanos, si alguno de ustedes se ha apartado de la verdad,
y otro lo hace volver a ella,
sepan que el que haga volver al pecador de su mal camino,
lo salvará de la muerte y cubrirá una gran cantidad de pecados”.

Santiago 5: 19-20 / RVC

Ahora, ¿qué está exponiendo aquí Santiago? Una idea muy gráfica, al mostrar que un cristiano peca cuando le ocurre, ¿qué cosa? Cuando se aparta de la verdad, porque dice, si alguno de ustedes se ha apartado de la verdad, y luego a partir del 20, sepan que el que haga volver al pecador de su mal camino. Quiere decir que una manera concreta de pecar es apartarnos de la verdad.
¿De qué forma alguien se puede apartar de la verdad? Hay por lo menos dos maneras. Una es apartarse de la verdad en la conducta, en la forma de vivir, es decir, ya no vivir como Cristo viviría, sino volver a la práctica de vida que teníamos antes de conocer a Cristo.
La segunda manera de apartarse de la verdad, es apartarnos de la fe que se relaciona con la doctrina que profesamos, es decir, si ya no creemos en lo mismo que siempre hemos creído.

Ahora bien, este pasaje de Santiago, amplia lo que Pedro enseñó, que Dany antes nos estaba explicando, confirmando que un hermano que hace volver a otro de su mal camino, cuando le hace ver este error, este apartarse de la verdad, y si logra hacerlo reflexionar dice claramente, que lo está salvando de la muerte y logrando que reciba el perdón del Señor.
Entonces luego afirma, cubre así una gran cantidad de pecados... Ahí entendemos otra vez el hecho de cubrir pero en el sentido de Dios. Es decir, no de no importarnos o hacernos a una con el que peca y cubrirlo para que nadie se dé cuenta, no, es que una persona que se apartó de la verdad le sucede a eso un montón de situaciones de pecados que van agravar su vida, y cuando un hermano lo hace recapacitar y lo lleva al arrepentimiento para que vuelva al camino del Señor, entonces también está cubriendo una gran cantidad de pecados que podrían haber ocurrido después de ese primer pecado de apartarse de la verdad.

El amor de Dios es la base fundamental de todas nuestras relaciones en Cristo, porque si realmente amamos, entonces cuando alguien falla y peca, no vamos a buscar exponerlo, no vamos a buscar comentarle a otros que nos hemos enterado que el hermano falló y pecó, y que todos los demás sepan qué mal está el hermano o qué bajo ha caído, sino que buscaremos ejercer el amor de Dios, pero hacia el hermano que está en el error, para llevarlo al arrepentimiento y alentarlo a restablecer su comunión con el Señor, porque es lo mejor que le puede pasar.

(Daniel Dardano)
Así que, vemos que Salomón escribió sobre esto, Pedro escribió sobre esto, Santiago escribió sobre esto, y ahora vuelvo a Pablo, que también escribió sobre esto y dice así:

“Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado,
ustedes que son espirituales
deben restaurarlo con una actitud humilde.
Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.
Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas,
y así cumplirán la ley de Cristo”.

Gálatas 6:1-2 / NVI

La evidencia de que somos espirituales se refleja en una actitud humilde y un amor práctico hacia quien es sorprendido en pecado. Pablo enseñó aquí que la humildad es una clave para esa restauración, ¿por qué? Porque yo tengo que ver que si en mi condición de querer restaurar al hermano, mi humildad hace que yo vea que puedo caer en lo mismo que el hermano cayó, entonces esta humildad produce una identificación con la condición del hermano y es el camino para propiciar una restauración completa y poderosa.
Si bien es cierto, es doloroso cuando un hermano peca, es alentador cuando es restaurado y eso solamente pasa en el cuerpo de Cristo, un hermano es restaurado en el cuerpo de Cristo.
Entonces, Pablo aprovechó esto para instar a los gálatas de que tuvieran cuidado y aprendieran a llevar las cargas los unos de los otros. Esta carga está relacionada con un peso que oprime, algo que no se puede llevar a través de la vida, hay circunstancias, hay problemas, hay tribulaciones, hay debilidades y estas cargas quitan las energías físicas y también las espirituales, qué bueno es entonces que tengamos las manos de los miembros del cuerpo de Cristo, que tengamos los brazos, que tengamos el amor de los miembros del cuerpo de Cristo que nos ayudan a llevar estas cargas.
Entonces, a medida que nos ocupamos de restaurar al hermano, de llevar las cargas los unos de los otros, ¿qué es lo que pasa? Cumplimos la ley de Cristo. ¿Y cuál es la ley de Cristo? Amarnos los unos a los otros, como él nos amó, Juan 13:34.
Por eso, Pablo reforzó esta idea cuando dice:

“No tengan deudas pendientes con nadie,
a no ser la de amarse unos a otros”...
Romanos 13:8 / NVI

Así que no deudas, pero ¿cuál es la única deuda que podemos tener, pero pagar? Amarnos los unos a los otros como Cristo nos amó.
Ese es el modelo y volvemos a hablar secretos que nos están siendo revelados.

(Daniel Cipolla)
Cuando hablamos de estas cosas y de esta clase de amor que obviamente es sobrenatural y es el amor de Dios, también nos suele ocurrir que los seres humanos a veces tenemos problemas con nuestras balanzas o nos inclinamos hacia un lado o nos inclinamos hacia el otro. Y no estoy hablando nunca de equilibrio humano, el equilibrio humano es simplemente humano, estoy hablando del equilibrio divino, porque a veces a la luz del amor, podemos inclinar el entendimiento a pensar de que obviamente, si el amor nunca condena, entonces todo está bien y siempre todo está bien.
Sin embargo, podemos deducir equivocadamente, que el amor lo tolera todo, que bueno, como al fin de cuentas Dios es bueno y Dios con su amor no va a condenar a nadie, no importan ni las actitudes ni los comportamientos de nadie, pero esto que suele ocurrir en el cuerpo de Cristo, también es una gran mentira, y es una gran mentira no porque nosotros lo decimos, sino porque está divorciado completamente de la verdad bíblica, de lo que Dios dice en la Palabra acerca de su amor.

Entonces ahora, también vamos a poner en perspectiva, no sólo cómo es el amor de Dios, sino cómo opera el amor de Dios, en varias cosas en específico, tanto hacia el mundo como hacia la Iglesia.
Vamos a ir primeramente hacia el mundo, dice la Palabra en Juan 3: 17 y 18:

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo,
sino para salvarlo por medio de él.
El que cree en él no es condenado,
pero el que no cree ya está condenado
por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios”.

Juan 3:17-18 / NVI

Este pasaje es categórico, porque muestra la grandeza y la bondad de Dios en su propósito para con la humanidad, y lo podemos resumir en esta frase que usted va a poder leer ahora:

Por amor, Dios envió a su Hijo para salvar a todos los seres humanos y no para condenarlos.
Sin embargo, quienes deciden no creer en Cristo se condenan a sí mismos por haber rechazado el regalo de Dios.

Creemos que esto es categórico, no se puede cambiar, no son nuestras palabras, es lo que el mismo Señor Jesucristo dice. Por otro lado, si vamos a lo que dice Mateo 25: 41, vamos a encontrar otro principio de cómo es y opera el amor de Dios, dice:

“»Luego dirá a los que estén a su izquierda:
“Apártense de mí, malditos,
al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.
Mateo 25:41 / NVI

Qué palabra fuerte, malditos... ¿Pero, no dice la Biblia hermano, que maldito es todo aquel que es colgado en un madero, que justamente Cristo recibió nuestra maldición para que nosotros no seamos malditos? Claro que la Biblia dice eso, pero también dice que ocurre algo cuando las personas rechazan a Cristo, ¿y cómo los llamó? Malditos.
Por eso, vamos a mirar en una frase otra vez, vamos a resumir esto de la gravedad de rechazar el amor de Jesucristo como salvador y rey, dice así:

El infierno o el fuego eterno fue preparado por Dios para el diablo y sus ángeles, y no para los seres humanos.
Sin embargo, quienes rechazan amar a Jesús y seguirle terminan en el infierno junto con las huestes de maldad.

Creo que con estas cosas que estamos viendo ahora hacia el mundo, nos queda claro, que el amor de Dios es algo firme, que el amor de Dios sí tiene en cuenta las actitudes, sí tiene en cuenta los comportamientos, que no es algo que estamos diciendo nosotros o inventando nosotros sobre cómo es y opera el amor de Dios, sino que la Palabra misma nos está diciendo cómo es y cómo opera el amor de Dios. Por eso dice que tengamos temor de Dios en los sentidos, en ese respeto, honra y obediencia y también en temor de miedo, porque Dios sigue siendo Dios y eso nunca va a cambiar.

(Daniel Dardano)
Porque no podemos separar el amor de Dios de la justicia de Dios, claro que no lo podemos separar.

(Daniel Cipolla) Y Dios proveyó para la salvación, y como Dios es justo condenó al pecado en Jesucristo para darnos salvación, por eso, si hay gente que no cree ya es condenada porque Dios es justo, es amor, pero es justo y tiene que hacer lo que tiene que hacer hacia el mundo. Así es...

(Hernán Cipolla)
Y alguien podría estar pensando, y bueno, claro, es lógico que Dios actué así con el mundo por el rechazo a Jesús, pero ahora nos toca a nosotros, vamos a ver cómo opera el amor de Dios hacia la Iglesia. Lo primero que leemos Hebreos 12, versículo 6, que dice así:

“porque el Señor disciplina a los que ama,
y azota a todo el que recibe como hijo»”.
Hebreos 12:6 / NVI

Lo primero que debemos decir es esto, habría que dudar de que Dios nos amara verdaderamente si no ejerciera disciplina sobre nuestras vidas, porque si de verdad nos ama ya nos va a disciplinar.
Ahora, vamos a resumir esto en tres frases:

El amor del Señor hacia la vida de sus hijos incluye la disciplina.

Debido a que somos sus hijos amados es necesario que seamos corregidos por Él.

En el ejercicio de esta disciplina, a veces es necesario que el Señor la aplique con una severidad que es representada con la figura de ser azotados.

Definitivamente, aunque nos suene raro y aunque cuando lo pensamos nosotros como padres humanos que tenemos hijos y no quisiéramos actuar así con nuestros hijos, nos damos cuenta cómo Dios ejerce su amor para con nosotros para que realmente, siempre caminemos de acuerdo a su voluntad.
Pero hay otro versículo más, dice así la Palabra:

“Por tanto, considera la bondad y la severidad de Dios:
severidad hacia los que cayeron y bondad hacia ti.
Pero, si no te mantienes en su bondad,
tú también serás desgajado”.

Romanos 11:22 / NVI

Esta bondad y severidad de Dios se relacionan con los judíos y con los gentiles. Los judíos, según toda la explicación que se hace en Romanos 11, los judíos son las ramas naturales del olivo, y los gentiles somos las ramas injertadas por la gracia del Señor al nacer de nuevo espiritualmente.
Entonces, si quisiéramos resumir la enseñanza de Romanos 11:22 podríamos decir lo siguiente:

El amor de Dios posee dos características fundamentales inseparables: bondad y severidad.

Es por su bondad que todos los creyentes no judíos formamos parte de los escogidos de Dios, ramas de su olivo que recibimos todos los beneficios del Nuevo Pacto.

Así también, el Señor nos alerta que si no nos mantenemos en su bondad, tendrá que usar su severidad y desgajarnos de su olivo.

Por eso, es tan importante entender que la gracia de Dios nos dio la oportunidad de ser parte de su plan, pero que también de la misma manera que Él usa severidad con los judíos por rechazar a Cristo, la usará con nosotros si nosotros no nos mantenemos firmes en obediencia y amor al Señor.
Pero hay otro pasaje que vamos a leer, dice así:

“Hermanos, en el nombre del Señor Jesucristo les ordenamos
que se aparten de todo hermano que esté viviendo como un vago
y no según las enseñanzas recibidas de nosotros.
Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos,
sin trabajar en nada, y que solo se meten en lo que no les importa.
A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo
que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida.
Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien.
Si alguno no obedece las instrucciones que les damos en esta carta,
denúncienlo públicamente y no se relacionen con él,
para que se avergüence.
Sin embargo, no lo tengan por enemigo,
sino amonéstenlo como a hermano”.

2 Tesalonicenses 3:6; 11-15 / NVI

El apóstol fue enfático en la orden de que aquellos que profesan conocer al Señor, siendo sus hijos, se conduzcan de una manera digna de Él, pero cómo podríamos resumir la enseñanza de estos versículos. De la siguiente manera, primero:

El ejercicio del amor de Dios en la iglesia incluye también acciones concretas de corrección cuando hay hermanos que viven desordenadamente, no trabajan y se entrometen en asuntos que no les competen.

El mandato del Espíritu es que abandonen la vagancia y se pongan a trabajar. Pero si la persona no obedece, se la debe denunciar públicamente en la iglesia por amor a su vida.

La orden de no juntarse a una persona en estas condiciones no apunta a considerarla enemiga. Esa acción sirve de reprensión originada en el amor para que esa persona se arrepienta y regrese al Señor.

Entonces amados, por lo que estamos viendo, hay acciones concretas que nacen del amor de Dios, pero esas acciones siempre serán para nuestro bien, siempre serán para corrección y siempre será cuando nos apartamos o nos descarriamos o nos confundimos en nuestra vida de fe para hacernos volver a los propósitos de Dios y caminar como Él quiere.

(Daniel Dardano)
Es que todo lo que acabas de mencionar tiene que ver con la salud del cuerpo, el cuerpo va a estar sano cuando estos principios se respeten, no lo podemos entender con la mente ni lo podemos entender naturalmente, a veces hasta nos choca, pero esta es la realidad, si esto se cumple en la iglesia, la iglesia va a ser una iglesia sana.

(Daniel Cipolla)
Por eso justamente, es importante que pongamos esta balanza, porque a veces cuando se actúa así, normalmente como hay bastante pensamiento carnal, se piensa que se está actuando, que se fue la mano, que no podemos ser así, que eso es falta de amor y realmente no es falta de amor si se hace en Espíritu de amor, ¿estamos de acuerdo, no?
Claro, el espíritu con que se hace es demasiado importante, porque dice que tiene que servirle de reprensión, tiene que darse cuenta que alguien se está apartando de él, pero no porque lo dejó de amar, sino porque lo ama. Para decir, yo no puedo aprobar lo que están haciendo tus actos pero te sigo amando, regresa al Señor y que eso le sirva, pero cómo le cuesta a la iglesia hacer un bloque sólido en esto, cada uno como que tiene su pensamiento sobre el amor de Dios, ¿no?
Tenemos que ajustarnos todos al amor de Dios conforme está revelado en la Palabra, aunque nos cueste, porque hay cosas que nos van a costar y si son así, así son, y si honramos al Señor y su Palabra nos va ir bien seguro porque siempre va a tener efecto.

(Daniel Dardano)
Por eso, en la medida que se perfecciona el amor del Señor en nosotros el nivel espiritual de comprensión y el discernimiento aumenta para venir a la realidad que estamos hablando.

Ahora bien, seguimos con Juan y es muy importante que hay como tres pilares que vamos a considerar ahora: un pilar es el amor, el otro pilar es la unidad y el otro pilar es creer.
En un momentito más van a entender lo que estoy diciendo, comienzo leyendo una parte de Juan 17: 23 y luego el 26:

“...que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.

... Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo,
para que el amor con que me has amado esté en ellos,
y yo mismo esté en ellos»”.

Juan 17: 23, 26 / NVI

Disponer de abundantes recursos en la vida, en el área de la vida, nos ofrece la oportunidad de ser liberales y dar en mayor medida, aplicando este principio del amor de Dios en nosotros, entonces tenemos que preguntarnos, ¿qué medida del amor de Dios somos capaces de dar a los demás?
Cuando Jesús oró dijo, los has amado a ellos como también a mí me has amado, ahí está la medida, ésta es la respuesta a la pregunta, Jesucristo afirmó que el Padre nos amó a nosotros de la misma manera en que lo amó a Él, dice, Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos.
Esto significa, que tenemos un fluido permanente, constante e ilimitado del amor de Dios y eso nos capacita sobrenaturalmente, para amar a Dios y a los hermanos y aún al mundo como Dios lo ama.
Un pasaje más y ahora vamos a entender más lo del amor, la unidad y lo del creer.

“»No ruego solo por estos.
Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos,
para que todos sean uno.
Padre, así como tú estás en mí y yo en ti,
permite que ellos también estén en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno,
así como nosotros somos uno:
yo en ellos y tú en mí.
Permite que alcancen la perfección en la unidad,
y así el mundo reconozca que tú me enviaste
y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí”.

Juan 17:20-23 / NVI

Mis compañeros van a explicar de qué se trata todo esto.

(Daniel Cipolla)
En este pasaje que acaba de leer Daniel, podemos ver que lo primero que se destaca de la oración de Jesús es que no fue sólo para los discípulos que estuvieron con Él, también oró por todos aquellos que creerían en Él a través del trabajo de sus apóstoles, quiere decir que aquí estamos nosotros, todos los creyentes de las futuras generaciones; lo primero a destacar en esta oración.

El segundo aspecto, era el objetivo de la oración, que todos seamos uno.
Para Jesús el tema del amor estaba resuelto, ¿por qué? Porque Él sabía perfectamente que el amor del Padre estaría en nosotros, porque Él como hombre también experimentó el amor del Padre en Él, pero también sabía que para que el amor del Padre se haga manifiesto en el mundo, era necesario, imprescindible, una unidad, una unidad entre los que son hermanos en Cristo que sea sólida, visible y palpable.
Así que, al leer cual es la intención la oración de Jesús, podemos percibir el deseo de su corazón, lo que es la expresión de su voluntad en cuanto a la unidad.
Para Dios es tan vital este tema, que los apóstoles en varias partes del Nuevo Testamento hablaron de la importancia de la unidad y de la perfecta unidad en la Iglesia, sumado a esto muestra que el Espíritu Santo es quien produce en los miembros una unidad que sea palpable entre todos nosotros.
Pero cuando vemos a la Iglesia de la actualidad, somos testigos que en la práctica se carece de una unidad sólida y verdadera, lo podemos percibir.
Entonces la pregunta es, ¿cómo vamos a lograr que esta unidad de la que está hablando Jesús, se haga evidente en la Iglesia? Hay por lo menos dos razones claras.

La primera, quien hizo esta oración fue Jesús. ¿Jesús cómo lo oró? Conforme a la voluntad de Dios, y la Biblia dice que si oramos algo conforme a la voluntad de Dios, el Padre nos oye y tenemos lo que le hayamos pedido. Así que, si nada menos que Jesús oró y Jesús oró conforme a la voluntad de Dios, el Padre tiene que cumplirle la oración a Jesús, no hay opción, tiene que ocurrir sin importar lo que parezca o veamos o que parezca carecerse en la Iglesia.

Lo segundo, el Espíritu Santo nos fue dado, ¿para qué? Porque una de sus funciones es generar, propiciar la unidad, mientras que a nosotros la única responsabilidad que se nos pide sobre esa unidad, es ser responsables, ser diligentes, ¿en qué? Valorarla, custodiarla, mantenerla.
Si hacemos estas tres tareas, si las estamos valorando, si la estamos custodiando, si la estamos manteniendo, entonces en verdad estamos creyendo y estamos valorando la unidad del Espíritu y no nos atreveríamos a hacer algo personal, algo propio, algo que nos interese sólo a nosotros para dañar esa unidad del Espíritu Santo. Por eso es tan importante cómo la unidad sólida dentro de la Iglesia está inseparablemente unida al amor.

(Hernán Cipolla)
Y ahora vamos a ver el tercer y último aspecto relacionado con toda esta oración de Jesús, que tiene que ver con creer, justamente se desprende de esa unidad.

La historia, siglos de historia, nos demuestra que el ser humano siempre ha querido y ha buscado creer en algo o en alguien, aún desde la antigüedad las diferentes razas y culturas han demostrado tener diferentes tipos de creencias, filosofías, levantar sus propios dioses. Con el paso de la historia se levantaron personas con mensajes y demostraciones de poder que aparentemente eran confiables, pero en realidad eran simples mortales, y sobre todo hay algo fundamental y central, si los seguidores de esos mortales tienen que venerarlos hoy, tendrían que ir a sus tumbas porque ya están muertos y ya están sepultados.
Quiere decir, en ninguna de ese tipo de creencias, el ser humano podía encontrar al enviado de Dios.
Era necesario que el mundo tuviera la experiencia de conocer lo que es auténtico y lo que es verdadero, que Dios mismo se manifestara al mundo para que el mundo creyera verdaderamente en el único Dios verdadero. Por eso nosotros sabemos y lo hemos experimentado, que Dios envió a su Hijo y Él resucitó de los muertos, ascendió al cielo y demostró claramente que es el Mesías, el enviado de Dios.

Ahora, el hecho de saber que Jesús es el Mesías no alcanza, no basta porque el mismo Jesús, si hubiera sido así, no hubiera mencionado nada que tuviera que ver con la unidad, hubiera dicho Padre que el mundo sepa que yo soy tu enviado, haz que ellos crean que Tú me enviaste, se acabó mi oración.
No, no basta que la gente sepa que Jesús es el enviado porque se requiere de la unidad del cuerpo.
Aquí encontramos uno de los grandes secretos para el éxito en nuestra evangelización a las naciones.
Es decir, quienes formamos la Iglesia somos conscientes de que tenemos una misión, lo dijimos desde la primera enseñanza, junto con la misión está la autoridad, y cuando hay revelación de autoridad, está la fe para llevarla a cabo, pero ahora necesitamos sumarle la realidad y la experiencia de la unidad espiritual entre nosotros como creyentes.

La oración de Jesús revela que la misión que Él nos delegó es verdaderamente espiritual, ¿por qué? Porque se basa en la unidad del cuerpo. Es decir, necesita un aval que no se podría producir si solamente hacemos la tarea por responsabilidad, podemos evangelizar porque sabemos que hay que hacerlo, podemos evangelizar porque queremos llegar a la gente, podemos evangelizar porque es lo que Dios dijo que teníamos que hacer, pero cuando la gente vea, no va a ver un mensaje, no va ver personas hablándole un mensaje, va a ver un aval. Aunque la gente no lo entienda va a ver un aval detrás, y el aval es la unidad del cuerpo de Cristo, y esta unidad precisamente, lo que va a manifestar es el amor de Dios derramado en los hijos de Dios y esos hijos manifestando ese amor al mundo que le rodea.

Por eso, en síntesis podemos decir, que la unidad y el amor manifiestos en la Iglesia, son los hechos que evidencian que Jesús es el Mesías, y entonces nosotros los creyentes lograremos el objetivo de que todos crean en Él.

Creo que hay muchos motivos para adorar y alabar al Señor y orar juntos al terminar esta enseñanza, porque ver nuestra tarea pero desde esta perspectiva, nos la hace ver de un modo totalmente diferente y siendo equipados con este amor y con esta unidad, hay un mundo que nos espera, porque va a ser transformado por el poder de Dios.
Así que, vamos a orar juntos al Señor.

Padre, cuántas gracias te damos, gracias Señor porque has dejado todo previsto. Señor, no se te escapó ni un mínimo detalle, y te alabamos y te agradecemos porque nos estás revelando estos secretos que están en tu corazón y que están revelados en la Palabra.
Y gracias Señor, porque empiezas por nosotros tus hijos, tus discípulos, tu Iglesia, Señor.

Oramos para que el amor que has derramado en nuestros corazones se haga evidente, primero entre nosotros, un amor tan puro y tan genuino que aún aquellos hermanos que están a punto de apartarse de la fe, encuentren en nosotros personas que contienen, que muestran el camino de restauración, que guían hacia el arrepentimiento y que demuestran que Dios siempre está dispuesto a perdonar a aquél que se arrepiente.

Señor, que nunca más nos atrevamos a levantar un dedo para juzgar, nunca más critiquemos, nunca más pongamos en boca de otros el error o el pecado de alguien más, sino que al contrario, sepamos hacer nuestra labor espiritual y mostremos en ese tipo de confraternidad entre nosotros como miembros que realmente te amamos a ti y nos amamos entre nosotros.

Y Señor, que veamos cumplida la oración de Jesús. Sabemos —y bien lo decía Dany—, es una oración que Tú la contestas, Padre. Tú la contestas porque es una oración perfecta conforme a tu voluntad.
Estamos expectantes de ver ese cumplimiento, pero mientras vamos caminando en ello, revela a nuestras vidas lo que significa el amor entre nosotros y la unidad espiritual como aval para que el mundo crea, no habrá nada ni nadie que pueda detener la fe de las personas que aún no se han entregado, cuando haya una Iglesia que está firme, que se ama y que es una en el Espíritu.

Así que esto es lo que creemos, esto es lo que sabemos, esto es lo que declaramos y oramos por tu Iglesia en todo el mundo, para que viva esta realidad y nunca por debajo de ella.

Gracias Señor, por todo lo que nos has dado y cuanto nos has equipado, en el nombre de Jesucristo oramos, amén y amén.



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