Un poder con identidad
Daniel Cipolla
03 de September de 2017
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en público, por lo tanto no ha sido preparado y editado como un escrito formal.
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Cuan agradecidos debemos estar de tener la posibilidad de que nuestro espíritu esté conectado con el Espíritu de Dios, eso es un milagro, eso es un milagro. ¿Por qué es un milagro? Porque a Jesucristo esa conexión le costó todo. No es normal, ya después del pecado nunca más eso fue normal. Pero fue tan importante para Dios, que nos amó de una forma indescriptible, que permitió que Jesucristo pagara lo que pagó para volver a estar conectados con Él.
No es común alabar a Dios, no es común adorarlo... No es común estar sentado y poder percibir la presencia de Dios, poder elevarle a Él nuestro corazón, no es común.
No quiero acostumbrarme a una vida cristiana común, porque entonces estaré fuera de Cristo. Y lo más probable es que esté equivocado y esté pensando que soy un creyente, cuando en realidad no lo soy y pudiendo ser un religioso con muchos principios bíblicos conocidos, pero sin la vitalidad de la vida de Cristo fluyendo dentro de mí.

El Espíritu Santo hoy me marcó con una palabra de un versículo tan conocido, tan conocido, pero hoy pude ver algo y esto se titula: Un poder con Identidad.
Por lo que el Espíritu Santo me mostró de este versículo, que si no abrimos la Biblia, igual lo vamos a poder decir de memoria, por lo menos los que conocemos la Palabra, y esto es Romanos 1:16 en la Biblia que comúnmente usamos, en la Reina Valera 60. Romanos 1:16 dice:

“Porque no me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;
al judío primeramente, y también al griego.”
Romanos 1:16 / RV60

Esta frase me marcó. Cuando Pablo dijo que no se avergonzaba del evangelio dio la razón. No dijo, no me avergüenzo del evangelio porque simplemente viene de Dios, no dijo eso; no dijo, no me avergüenzo del evangelio porque así lo dijo Dios, no. Dijo: no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios. Pero creo que muchas veces la Iglesia no conoce la identidad de este poder.

Y el primer punto que quiero tocar yo en esta mañana, por el Espíritu Santo, es descubrir y conocer la identidad de este poder.
En general, los creyentes consideramos las expresiones "evangelio" y "mensaje de salvación" como sinónimas, porque las solemos usar para referirnos a la buena noticia de Dios que debe ser predicada en el mundo entero para que la gente crea y se salve.
Quiere decir entonces, que en nuestra mentalidad cristiana, aún en el cristianismo general olvidándonos de las divisiones de los cristianismos, en general, la palabra evangelio y la frase mensaje de salvación son sinónimos.
Sin embargo, me llamó algo la atención, me llamó la atención, que cuando el Espíritu Santo inspiró a Pablo para definir el evangelio, lo definió como el poder de Dios para la salvación, y no como el mensaje de Dios para la salvación. Aquí empezó todo adentro de mí.

Pablo nunca definió el evangelio como el mensaje para ser salvo, Pablo definió el evangelio como el poder para ser salvo. Sin duda que Pablo en esta frase se refirió a algo más profundo al no querer definir al evangelio como el mensaje de salvación, como una doctrina celestial, como principios divinos que necesitamos predicar y hacerlo bien para que la gente se crea y se salve. En esa declaración, el apóstol Pablo me está mostrando por el Espíritu, que el evangelio porta una esencia, que en el evangelio hay un espíritu, que debe ser transmitido a los oyentes cuando reciben el evangelio, de forma que el poder que está contenido en el evangelio toque a las personas, de tal manera que desde ese momento y en el mismo instante, sus vidas sean transformadas de forma rotunda, total y completa, para siempre.
El evangelio apostólico que Pablo visualiza, es un evangelio, no del mensaje de salvación que me hace nacer de nuevo, sino del poder de Dios que me hace una nueva persona.

Quiero que piense, por eso me callo... En el Espíritu, no en la mente, cuando uno el mensaje de salvación simplemente al nuevo nacimiento, no le doy ningún poder a eso, pero cuando el evangelio me dice que soy una nueva persona, significa que cuando llegó el evangelio fui rotundamente cambiado en espíritu, alma y cuerpo. Algo extraordinario, sobrenatural, sucedió que debió, debió haberme transformado por completo.

Es evidente que es imposible lograr transformación de personas por predicar el mensaje correcto, eso es imposible, no se logra. Justamente el hecho de que la cristiandad en general considere que el evangelio es únicamente el mensaje de salvación, es una da las causas por las cuales, aunque el evangelio se ha extendido tanto en el mundo y hay tanta gente que se considera cristiana, que conoce a la perfección la doctrina del evangelio, que conoce los principios del Señor para ser salvo, no gozan de una vida transformada, no la experimentan. Y no quiero referirme aquí solamente a personas que un día escucharon, recibieron y hoy están lejos del Señor, de esto que estoy hablando están llenas las iglesias, de personas que estamos sentadas en un lugar, que decimos que amamos al Señor, que entregamos diezmos y ofrendas y que lo servimos, pero si tienes que mirar tu vida, sé sincero con tu propia vida y di, ¿ha sido tu vida completamente transformada, completamente transformada sin que quede nada que no haya sido transformado? Nada. Nada... Porque si eso no es así, no nos hemos encontrado con el verdadero evangelio, todavía estamos enmarañados dentro del mensaje y no hemos descubierto ni el evangelio, ni el poder, que se encuentra oculto dentro del evangelio.

Mire voy a decir una frase fuerte, considerar el verdadero evangelio a un mensaje que no dé como fruto la transformación absoluta de las vidas, no es el evangelio de Jesucristo.

¿Cómo me atrevo yo a hacer una afirmación tan temeraria? Y la hago por el Espíritu Santo. Por una razón, porque este pasaje bíblico sencillo afirma, el Espíritu afirma en este pasaje, que la evidencia de recibir el verdadero evangelio es que el poder de Dios. Se manifiesta en las vidas de quienes reciben el evangelio, porque el evangelio es poder de Dios. Y si el poder de Dios en todas las áreas, en todas las cosas, en lo mínimo y en lo máximo, no se puede manifestar en mi vida en toda su dimensión, todavía no conozco ni el evangelio ni el poder que el evangelio tiene. Y puedo tener años de escuchar la Palabra, de servir y de tener un ministerio, puedo ser un predicador y estar en esta misma situación, sólo cuando el Espíritu Santo nos abre los ojos, ¿qué es lo que vemos? Que Cristo es la Palabra que se encarnó para ser Él el evangelio y no un mensaje que la gente debe recibir para ser salva.
Quienes reciben el evangelio no reciben un mensaje, reciben a Cristo mismo, quien ahora viene a habitar adentro de ellos, y la evidencia de que habita adentro de ellos es que el poder de Dios se manifiesta.

Así que, ¿qué está enseñando Pablo? ¿Cuál es la identidad de ese poder? En realidad, ¿quién es la identidad de ese poder? El evangelio es Cristo y el poder del evangelio es Cristo.
Por eso dice la Biblia, que Él es el alfa y la omega, el principio y el fin, por eso dice la Escritura que toda la plenitud de la deidad se encuentra en Cristo.
El evangelio, los principios del evangelio, las doctrinas que contiene el evangelio, separada de Cristo es una serie de textos bíblicos sin ninguna clase de poder, no tienen autoridad, no cambian vidas, sólo convencen mentes y más o menos los trajean por fuera como un cristiano, pero por dentro siguen siendo huesos de muerto, porque nunca hubo una transformación.

Lo primero que estamos conociendo es que este poder tiene identidad, se llama Cristo.
Cristo es el evangelio y Cristo es el poder del evangelio.

Quiere decir que entonces, el evangelio no son las palabras que proclamemos acerca de Cristo, sino el Cristo que nos transformó con su poder, y como nos transformó, tenemos el poder de impartirlo cuando anunciamos a otro. Es decir, el poder que nos transformó a nosotros es el poder que opera en nosotros para que cuando anunciamos el evangelio toque la gente produciendo transformación, porque lo más triste, si usted se da cuenta de la realidad general cristiana, se da cuenta que cuando usted ve la predicación del evangelio, aún miles de personas pasando, aún llorando y aún haciendo manifestación... lo que usted ve posteriormente, y eso es lo que da dolor, es que usted no percibe y no hay un testimonio de transformación. Si no hay un testimonio de transformación, aunque se hayan predicado las palabras correctas del evangelio, ahí no estamos frente al evangelio de Dios, el evangelio de Dios no puede ser separado de su poder, Cristo no puede ser separado de su poder, si Cristo no transforma, no es el evangelio.
Si tú todavía no estás transformado no tienes el evangelio, no me vengas diciendo un día acepté a Cristo, yo hice la oración de fe, yo me entregué al Señor... ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Pero con qué sigues luchando? Con esto y aquello porque soy débil... No es porque eres débil, no es porque eres débil, es porque todavía no has entrado a conocer el poder del evangelio.
El poder del evangelio nos cambia de una. No dice, el que está en Cristo día a día va tratando de ser una nueva persona... si alguno está en Cristo nueva criatura, persona es, hoy, ahora y en este momento, no se trata de luchar para cambiar se trata de entregarse a Cristo.

¿Cuántas conversaciones hay que tener con personas para hacerlas razonar? Y después de conversaciones largas uno se da cuenta de una cosa, que si estuvieran entregados a Cristo no hubiéramos perdido tres horas en esa conversación, porque tenemos que hacer tantos razonamientos, los tenemos que llevar por tantos versículos, les tenemos que hacer ver tantos principios; y cuando esto me ocurre, a mí no me alegra, no me alegra tener que atender la gente, no me alegra porque entonces me doy cuenta que no estamos caminando a la altura que debiéramos, que debiéramos estar viendo lo mismo, que no debiera estar tratándote de hacerte ver lo que no estás viendo. Pero mira la Palabra, sí yo sé lo que la Palabra dice, pero mira la oportunidad que se me abrió... ¿What? No, no entiendo, es que no entiendo, no entiendo.

Así que el evangelio es un quién, el evangelio es Cristo, y el poder del evangelio, Cristo.
Nunca te quedes con la letra, la letra no es el evangelio, el mensaje no es el evangelio, Cristo es el evangelio, por eso, es la Palabra, el mensaje encarnado, ahí está: Sin Cristo no tienes evangelio.

Lo segundo que quiero mostrar esta mañana, tiene que ver con el espíritu y la motivación para anunciar el evangelio. Porque una cosa es conocer la identidad del poder del evangelio, pero otra muy distinta es saber, conocer cuál debe ser y cuál no debe ser el espíritu y la motivación para anunciar el evangelio.
Yo quiero que vayamos a leer Hechos 16, del verso 13 al 19, yo le voy a dar lectura en la Nueva Versión Internacional, que dice así:

“El sábado salimos a las afueras de la ciudad,
y fuimos por la orilla del río, donde esperábamos encontrar un lugar de oración.

Nos sentamos y nos pusimos a conversar con las mujeres que se habían reunido.

Una de ellas, que se llamaba Lidia, adoraba a Dios.

Era de la ciudad de Tiatira y vendía telas de púrpura.

Mientras escuchaba, el Señor le abrió el corazón

para que respondiera al mensaje de Pablo.
Cuando fue bautizada con su familia, nos hizo la siguiente invitación:

«Si ustedes me consideran creyente en el Señor,
vengan a hospedarse en mi casa». Y nos persuadió.

Una vez, cuando íbamos al lugar de oración,

nos salió al encuentro una joven esclava que tenía un espíritu de adivinación.

Con sus poderes ganaba mucho dinero para sus amos.
Nos seguía a Pablo y a nosotros, gritando:

―Estos hombres son siervos del Dios Altísimo,
y les anuncian a ustedes el camino de salvación.
Así continuó durante muchos días.
Por fin Pablo se molestó tanto que se volvió y reprendió al espíritu:

―¡En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella!
Y en aquel mismo momento el espíritu la dejó.
Cuando los amos de la joven se dieron cuenta
de que se les había esfumado la esperanza de ganar dinero,
echaron mano a Pablo y a Silas
y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.

Hechos 16:13-19 / NVI

Hasta aquí. ¿Qué pasó aquí? Por muchos días una muchachita venía detrás de Pablo y Silas y el equipo, pero, ¿qué era lo que decía la muchachita? Estos hombres son siervos del Dios Altísimo que les anuncian a ustedes el camino de salvación.
Es decir, por mucha cantidad de días sin haber pagado nada, los apóstoles tenían publicidad gratis, estaban teniendo publicidad para que la gente se acercara a escuchar el evangelio, ¿pero qué pasó después de muchos días de esta situación? Pablo se molestó de esas declaraciones.
¿Pero Pablo, por qué te molestas? ¿No son acaso las declaraciones correctas? ¿No son ustedes siervos del Altísimo? Sí. ¿No están anunciando ustedes el camino de salvación? Sí. Entonces, Pablo, yo no entiendo tu molestia. Sería una conversación de tres horas... Ah, usted diría, ¿sabes por qué no entiendes la molestia? Porque no sabes de qué espíritu eres, yo estoy molesto porque las declaraciones de la propaganda de esta muchacha provienen del infierno, no de Dios. Por lo tanto, Pablo inmediatamente echó fuera el espíritu. ¿Qué demuestra este pasaje bíblico? Que Dios no aprueba que haya ningún acercamiento ni propaganda del evangelio con un espíritu diferente al Espíritu de Jesucristo.
El evangelio no se propagandiza por el marketing. No, pero ahí habla de demonios... Cualquier espíritu ajeno a Jesucristo no es de Jesucristo. El evangelio no se propagandiza por los métodos humanos, el evangelio no se mezcla con las cosas del mundo para hacer propaganda, porque si soy un siervo del Altísimo y el poder del evangelio habita en mí, haré como Pablo que llenó la Tierra del evangelio y no hizo propaganda, ni tuvo tarjetas, ni imprimió un flyer, ni mandó discos, ni CD, ni audios a ninguna parte. Creo que conocía el poder del evangelio, ¿están de acuerdo? Creo que lo conocía.
Así que escuche, de nada vale que nadie venga al evangelio de esa forma, recuerde que recibir el evangelio es entregarse a Cristo no es recibir el mensaje de Cristo es entregarse a Cristo.

Escuche, sólo la entrega a Cristo es lo que te posibilita y me posibilita que Dios me transforme.
Si no me entrego no hay transformación, aunque crea el evangelio.
Por eso, tardamos tantísimo en las transformaciones que debieran haber sido desde el primer día, ¿por qué? Porque es un problema de entrega.
Si yo en este mismo momento, en este mismo momento, tomo la decisión de destruirles a algunos de ustedes el estilo de vida y que me tengan que obedecer a raja tabla, yo le aseguro que ustedes no lo soportarían. ¿Quién es él para hacerme esto? Lo mismo le vas a decir al Señor.
Transformación, significa, que va a cambiar todas tus ideas de vida, lo que quieres estudiar, a dónde quieres viajar, el próximo negocio que quieres hacer, la próxima casa de verano que estás buscando o cómo la mejoro o cómo yo allí estaría más cómodo, estoy pensando, entonces... En general, y de muchos cristianos estoy hablando esto, no hay nada de los propósitos de Cristo en ese tipo de pensamientos, nada, nada. Ni hablemos de la seguridad, uh, y es un mundo tan inseguro, que todo el mundo, ¿qué busca? Seguridad... ¿Y por qué no vemos pasos de fe hoy? Porque todo el mundo está amarrado a su salario sea bueno o sea malo, porque no está dispuesto a dar pasos arriesgados de fe, no está dispuesto, tiene miedo. ¿Sabe por qué tenemos miedo? Se lo voy a responder, porque no estamos entregados. Cuando no estamos entregados parecemos niños tontos, pero le aseguro que hacemos lo que Dios nos pide aunque cuando alguien nos pregunte, ¿cómo vas a vivir? Nuestra respuesta sea, no sé. Y una persona me va a mirar y va a decir, pero este es, discúlpeme la palabra, idiota, porque no puede ser que a una persona se le pregunte de qué vas a vivir de ahora en adelante, y su respuesta sea, no sé, sólo sé que estoy obedeciendo la voz de Dios.
¿Estás obedeciendo la voz de Dios para este momento de tu vida, para éste? No me importa si yo la obedecí ayer, porque ya hace mucho que me olvidé del ayer.... Ay, no, quiero vivir esa gloria, ay, medallita, no, ay, medallita... Eso fue ayer, ahora.
Porque si no ves que hay voz de Dios hace mucho tiempo... no sé, yo trabajo, yo voy y vengo, no sé, Dios a mí no me pide nada... ¿Dios a ti no te pide nada? Ése no es el mismo mío entonces, estarás con otro dios. ¿No te pide nada? No puede ser.

Entrega, si te entregas lo escuchas, si no te entregas no lo escuchas, porque Él es tan caballero que no obliga. Él dice, el que me entrega Yo le hablo, ¿no le dijo a Daniel, el profeta, tú eres muy amado? Pero no era porque Dios hacía una diferencia de Daniel, sino porque Daniel no hacía otra cosa que vivir para Dios. Y entonces, como Daniel estaba tan entregado a Dios, ¿qué hacía Dios? Le revelaba los secretos de su corazón. Eso se hace con los amigos, porque una cosa es el siervo de Dios y otra cosa es ser amigo, son cosas diferentes, las dos tienen su lugar, pero son diferentes, ¿estoy siendo claro?
Así que, cuando queremos tratar de hacer propaganda del evangelio con tantos métodos que se ven que son ajenos al Espíritu de Cristo, debemos saber que estamos ante algo que está contaminado y no vamos a ir a ver ahí, la pureza del poder del evangelio.

Quiero ir a otro pasaje bíblico, vamos a ir a Hechos el capítulo 8, vamos a ir al versículo 5, también lo voy a leer en la Nueva Versión Internacional, dice:

“Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les anunciaba al Mesías.
Al oír a Felipe y ver las señales milagrosas que realizaba,
mucha gente se reunía y todos prestaban atención a su mensaje.
De muchos endemoniados los espíritus malignos salían dando alaridos,
y un gran número de paralíticos y cojos quedaban sanos.
Y aquella ciudad se llenó de alegría.
Ya desde antes había en esa ciudad un hombre llamado Simón que,
jactándose de ser un gran personaje,
practicaba la hechicería y asombraba a la gente de Samaria.
Todos, desde el más pequeño hasta el más grande,
le prestaban atención y exclamaban:
«¡Este hombre es al que llaman el Gran Poder de Dios!»
 Lo seguían porque por mucho tiempo los había tenido deslumbrados con sus artes mágicas.
Pero, cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios
y el nombre de Jesucristo, tanto hombres como mujeres se bautizaron.
Simón mismo creyó y, después de bautizarse, seguía a Felipe por todas partes,
asombrado de los grandes milagros y señales que veía.
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén
se enteraron de que los samaritanos habían aceptado la palabra de Dios,
les enviaron a Pedro y a Juan.
Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo,
porque el Espíritu aún no había descendido sobre ninguno de ellos;
solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.
Entonces Pedro y Juan les impusieron las manos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.
Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles
se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero y les pidió:

―Denme también a mí ese poder,
para que todos a quienes yo les imponga las manos reciban el Espíritu Santo.
―¡Que tu dinero perezca contigo —le contestó Pedro—,
porque intentaste comprar el don de Dios con dinero!
No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios.
Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor.
Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención.
Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado.
―Rueguen al Señor por mí —respondió Simón—,
para que no me suceda nada de lo que han dicho.
Después de testificar y proclamar la palabra del Señor,
Pedro y Juan se pusieron en camino de vuelta a Jerusalén,
y de paso predicaron el evangelio en muchas poblaciones de los samaritanos.”

Hechos 8:5-25 / NVI

Qué interesante pasaje. ¿A quién estaba anunciando Felipe? Qué lindo que no dice el evangelio, dice, a Cristo, dice, al Mesías. Porque el evangelio es Cristo y el poder del evangelio es Cristo.
Estaba anunciando a Cristo, ¿y qué pasaba? De todo, de todo, ¿por qué? Porque Felipe ministraba el Cristo que tenía, el Cristo que tenía era poderoso, por lo tanto, cuando lo ministraba tocaba las vidas, las cambiaba, las transformaba, las sanaba, las liberaba. Y este hombre obviamente, Simón un hechicero, tenía engañada a la gente, todo el mundo pensaba que era el gran poder de Dios, estaba viviendo de lo que estaba viviendo, esto es interesante y quiero subrayar esto, el hombre está tan, tan, tan espantado de lo que está viendo y ve que es real, encima que el hombre cree, ¿o no? Y el hombre se bautiza.
Quiero subrayar las dos palabras, el hombre cree y el hombre se bautiza. Pero cuando llega Pedro con Juan y ve que el Espíritu Santo cae sobre la gente en que ellos imponen las manos, dice, ahora sí, ahora de verdad voy a dejar de engañar a la gente y me voy a transformar en el gran poder de Dios, ahora sí es de verdad, no como antes; así que yo les voy a comprar a estos señores este poder, -¡qué tremendo!-, les voy a comprar este poder para que yo haga lo mismo que ellos, y ahora sí yo me transforme en alguien grande. ¡Ay, Dios mío!
El apóstol Pedro casi lo manda al infierno, mire hermano le faltó... La misericordia, Dios lo paró a Pedro, casi lo manda al infierno de una, porque yo me imagino la ira santa adentro cuando alguien te dice una cosa así. Yo me imagino que si no lo quieres mandar al infierno, al menos Señor, déjame pegarle dos golpes, pero déjame, dos golpes déjame darle, después le digo que se arrepienta, pero una vez que lo haya... déjame quitarme las ganas de verdad.
Porque a uno le hierve la sangre cuando percibe una falta de integridad de espíritu tan grande y motivaciones perversas. Y usted puede decir, a ver Daniel, ¿era una motivación perversa tener poder de Dios? Según, según para qué la quiero. ¿Usted sabe cuánto cristiano hoy, espero que usted no haga eso, está ayunando y orando para tener poder con Dios, pero lo que en verdad quiere es reconocimiento? ¿Usted sabe cuánta gente que ministra en diferentes lugares hoy en día, está metido con Dios, no porque lo ama a Él, sino porque lo único que está buscando es que lo reconozcan en la tele y en la radio y que me vengan a reconocer que el poder de Dios está conmigo? ¿Usted sabe cuánto hay? ¿Usted cree que Simón el mago se acabó? No, Simón el mago sigue con nosotros, Simón el mago sigue ministrando a la Iglesia del Señor. Lo que pasa es que como hay ciertas manifestaciones y Dios es tan grande que lo hace, decimos, bueno, pero ahí está el poder de Dios.

El evangelio no es tener la habilidad de predicar las palabras correctas, ni hacer un despliegue del poder de Dios, el evangelio es la pureza de motivación, es la pureza de Espíritu que ha tocado mi vida, de tal manera que yo puedo ministrar para que Dios sea en todo glorificado, y lo que más yo pueda desaparecer mejor, para que no pueda llevarme nada, nada de la gloria que le corresponde a Dios, y no pueda ser que nadie tenga que poner los ojos en mí, eso es santo, eso es verdadero, eso es puro, eso libera el poder de Dios que transforma a la gente.
Pero si predicas a Cristo, mira, si estás predicando a Cristo y no ves que cuando lo haces hay poder de Dios, por favor, vuélvete al Señor, algo está mal, algo está mal, algo está mal.
O sea mira, yo no le quiero dar vuelta y no quiero que le des vuelta; algo está mal, dile al Señor, ¿qué está mal? ¿Algo está mal en mí? Porque el evangelio es Cristo y Cristo tiene poder.
No puedo yo predicar el evangelio y no ver poder, y no me refiero sólo a milagros, también, o sanidades, también, me refiero a transformación, me refiero a que es tocado por el Espíritu Santo, me refiero a que pasa algo de Dios cuando yo predico a Cristo y su evangelio, si no pasa algo, está pasando que debo ir al Señor para que Él me ayude a solucionarlo, ¿estoy siendo claro?

Quiero leer un versículo en 1 Corintios 1:17, siguiendo con este mismo tema, mire lo que dice ahí, lo leo también en la Nueva Versión Internacional, dice:

“Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio,
y eso sin discursos de sabiduría humana,
para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia.”

1 Corintios 1:17 / NVI

¿Sabe una cosa? Cuando volví a leer esto, mire que lo leí tantas veces, pero cuando lo volví a leer me hizo un shock porque aquí hay una declaración extraordinaria, pero a la vez algo insólito que dice Pablo, ¿sabe qué está diciendo Pablo en pocas palabras? Que la forma en que predique el evangelio puede ser la causa de que yo haga ineficaz la cruz de Cristo, eso es lo que está diciendo. Cuando él está diciendo: sin discursos de sabiduría humana, ¿para qué lo dice? Para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia.
Quiere decir, que hay maneras en que se predica el evangelio que van contra el evangelio. O sea, que predicando el evangelio estoy en contra del evangelio, predicando el evangelio le estoy restando el poder y la eficacia a la obra que Cristo hizo en la cruz.
Hermano, no sabe cómo me golpeó. ¿Cómo? Dije yo, Señor. Claro, y entonces empecé a entender más profundamente, bueno y pero, ¿cómo puede suceder esto? Sencillo, cuando la predicación se basa en la sabiduría humana, en la inteligencia humana, en una verborragia, en esos discursos llenos de gracia humana, en esa cosa tan, ay qué gracioso es, ¿no? Es tremendamente gracioso y todo el mundo se ríe, gracioso y tiene unas historias el hermano, wow... entonces, todo es discurso.
¿Qué exaltan esos discursos? La gracia natural de la persona, de quien predica; y aunque se predique el texto correcto se está provocando la muerte de la obra de Cristo en la cruz, para que no tenga ninguna clase de eficacia.

Entonces, no es extraño que la gente que recibe eso no tenga ningún cambio de vida y salga de allí habiéndose reído bastante, contento porque alabó la canción que le gusta, esa que le hace llorar, pero vuelve a casa igual o más demonio que cuando entró al culto. Sus objetivos de vida no cambiaron, no hubo nada que trajera una convicción que lo llevara a la casa y dijera, sabes mi amor tengo que cambiar, algo está mal, está mal, hoy me mostró el Señor que esto está mal, esto está mal, Señor voy a ti. No hay nada de eso, no hay nada. Pero cómo le gusta a la gente, eh, cómo le gusta, eso sí les gusta aunque no sea la verdad.
Así como nos gusta comer comida chatarra que nos enferma, somos igual espiritualmente, nos encanta la comida chatarra aunque nos vayamos al infierno comiéndola, eh, sí, sí, porque hay gente que usted le dice, sigue comiendo así y te vas a morir, y es real, eh, le puede hacer estudio de que es real, va a seguir comiendo comida chatarra, va seguir comiendo lo que le gusta. Es decir, se va a morir haciendo eso, aún antes de tiempo, a tener dominio propio. Y es un cristiano, y el dominio propio debiera estar ahí como parte de su vida natural en Cristo Jesús. Tóquele a alguno su comida y cámbiesela, no le digo, mire, ni le cambio la vida, le cambio la comida, sólo le ordeno a partir de hoy que usted va a ser vegetariano y no va a comer una sola proteína animal de ningún tipo, y usted me odia para toda su vida, aunque lo que yo le diga -un día vamos a hablar de esto largo y tendido-, aunque lo que yo le diga, sea para que usted viva más años, mejor y con mayor salud.

Los seres humanos tenemos un problema después del pecado, no nos gusta recibir la verdad, pero yo quiero recibir la verdad aunque no me guste, porque ella me transforma y me da vida, y cada vez me puedo parecer más a mi Señor. Es diferente, ¡qué tremendo!

Mire hermano, cuando somos conscientes que el evangelio es Cristo mismo el Cristo que impartimos a otros, se hace evidente que esa transmisión sólo puede ser hecha a través de creyentes que posean integridad de espíritu y que posean motivaciones puras de otra forma no se puede hacer.

Vaya a 1 Corintios, capítulo 2, porque Pablo insistió con este asunto, y cuando algo la Palabra insiste es que es demasiado importante, porque lo hizo en el capítulo 1 y ahora ve en el capítulo 2 que vuelve a insistir, 1 Corintios 2:1 al 5 en la Nueva Versión Internacional lo dice así:

“Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios,
no lo hice con gran elocuencia y sabiduría.
Me propuse más bien, estando entre ustedes,
no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado.
Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo.
No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes,
sino con demostración del poder del Espíritu,
para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana,
sino del poder de Dios.”

1 Corintios 2:1-5 / NVI

Vuelve, el apóstol Pablo a insistir en que la forma en que se ministra el evangelio es vital, porque él sabe que si no se ministra con la integridad correcta, el espíritu correcto, y no se ministra desde Cristo, vamos a hacer ineficaz la cruz de Cristo, él lo sabe.
Entonces, vemos que el apóstol desestimó por completo la elocuencia y la sabiduría, pero la pregunta es, ¿por qué una persona, un doctor, porqué un doctor de la ley, una persona tan instruida como Pablo sobre todos los asuntos religiosos, hizo esto? Porque él sabía que el evangelio era Cristo mismo siendo ministrado, y que si él sólo consideraba que su responsabilidad era compartir el mensaje de Dios lo iba a despojar por completo de su poder.
Pablo a través de esto nos enseñó qué es, lo único imprescindible es vivir enfocados en Cristo. Es más, llama la atención que él diga: cuando yo fui a anunciarles el evangelio temblaba... Pero y ¿por qué va a temblar? ¿Tenía un problema de identidad? ¿Pablo? ¿No era seguro de sí mismo, sería porque era bajito? ¿Algún trauma de niño que no resolvió? Claro, porque uno dice cuando no entiende, otra conversación de tres horas, otra... no entiendo, no entiendo, pero si Pablo es un apóstol, tuvo revelaciones celestiales dijo él que las tuvo, el hombre vio lo que nadie vio, cómo vas a decir que Pablo va ir a los corintios y Pablo va a temblar de miedo.
Tiene toda la lógica espiritual, Pablo tiembla de miedo porque no está ni en una gota basado en su sabiduría, ni en su conocimiento, ni en su doctorado, ni en nada, sólo está basado en lo que Cristo le hable, en lo que Cristo le muestre y en ministrar a Cristo.
¿Qué pasa inmediatamente? Mire, cuando él se negó a usar las palabras sabias y elocuentes, lo hizo con un solo objetivo, ¿cuál es el objetivo? Porque lo vuelve a decir al final, vuelve a repetir, no les prediqué con palabras sabias -lo dijo arriba y lo vuelve a decir acá-, y elocuentes, ¿cuál es el objetivo? Que el poder del evangelio que es en Cristo y que es Cristo mismo, se manifestara en la vida de los corintios de manera que la fe de los corintios no se basara en la habilidad, en la elocuencia, y en el conocimiento de Pablo, sino en el poder de Dios, ése era el objetivo.

Es decir, Pablo como buen apóstol no hacía a la gente dependiente de él, hacía a la gente dependiente de Cristo, de tal manera que por la fe crecieran y tuvieran todas las respuestas, no en Pablo, sino en Cristo.
Esto no anulaba su labor, no, lo que sí anulaba, es la tal malsana dependencia que hoy existe de la gente a los ministros que es totalmente equivocada y fuera de lugar, ¿por qué? ¿por qué? Sencillamente por esto, porque todo se basa en la gracia natural y en la elocuencia del ministro. ¿Lo está viendo? Importante.

Vamos a ir al tercer punto, el tercer punto es el resultado de ministrar a Cristo mismo.
¿Cuál es el resultado de ministrar a Cristo mismo? Vaya por favor a Hechos 19, verso 8, vamos a leer del 8 al 12. lo voy hacer en la Nueva Versión Internacional, dice de esta manera:

“Pablo entró en la sinagoga y habló allí con toda valentía durante tres meses.
Discutía acerca del reino de Dios, tratando de convencerlos,
pero algunos se negaron obstinadamente a creer,
y ante la congregación hablaban mal del Camino.

Así que Pablo se alejó de ellos y formó un grupo aparte con los discípulos;

y a diario debatía en la escuela de Tirano.

Mire si tenía sabiduría, eh, estos eran gente de conocimiento, paréntesis...
Esto continuó por espacio de dos años, de modo...

Escuche esto muy bien:
... que todos los judíos y los griegos que vivían en la provincia de Asia
llegaron a escuchar la palabra del Señor.

¡En toda la provincia de Asia!
Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo,
a tal grado que a los enfermos les llevaban pañuelos y delantales
que habían tocado el cuerpo de Pablo,
y quedaban sanos de sus enfermedades,
y los espíritus malignos salían de ellos.”
Hechos 19: 8-12 / NVI

Wow. ¿Quién es el coordinador de las campañas de Pablo? Llámenmelo porque es bueno, llámeme, sí, sí, por favor, si usted tiene la tarjeta, deme la tarjeta del coordinador de la campaña de Pablo, porque es bueno, porque cómo, provincia de Asia es muy grande en cualquier época, hoy está cambiado obviamente al mapa de ese tiempo, muy grande, todos los judíos y todos los griegos supieron, conocieron la Palabra a través de Pablo, ¿cómo sucedió? Sucedió porque Pablo no ministraba un mensaje, no compartía un mensaje, Pablo predicaba a Cristo y cuando predicaba a Cristo las cosas sucedían, la gente que creía era transformada, el que estaba enfermo era sanado, el milagro sucedía. Escuche, de tal modo que si usted le traía simplemente una ropa, me imagino que le habrán traído cantidad para tocar el cuerpo, la gente le habrá traído cantidad, porque usted traía un pañuelo, tocaba la mano de Pablo, usted iba a su casa tenía un enfermo y sanaba. Es más, tenía un endemoniado en su casa y el demonio salía sin ninguna orden.

Si eso no es el evangelio y el poder de Cristo dígame usted qué es el evangelio, wow. ¿Cuál es el resultado de ministrar a Cristo? Al Cristo que te transformó, no al Cristo que recibiste... El Señor es mi salvador... ¡Ah, el Señor es tu salvador! Ah, y pero ¿vives haciendo Su voluntad? Bueno, Dios sabe, yo hago todo el bien que puedo, trabajo, digo, más o menos vivo más o menos como un cristiano...
¿Sabe cuál es el problema de la gente y de la cristiandad? Que pensamos que esto es para Pablo, que esto es para Pedro, que esto es para los apóstoles, ¿pero sabe una cosa? La Biblia dice que no, porque cuando eligieron gente para servir mesas en la iglesia primitiva, que llaman primitiva, que de primitiva no tenía nada, eligieron siete varones, ¿se acuerdan? ¿Por qué los eligieron? Porque estaban llenos de fe y del Espíritu Santo. Entre ellos estaba Esteban, cuando usted va a ver lo que pasó con Esteban, dice la Escritura, que milagros extraordinarios eran hechos por la mano de Esteban.
Y quiero hacer un gran paréntesis, Esteban era un gran servidor de mesas, Esteban no era un apóstol.
Otro paréntesis, Ananías era un discípulo, no era un apóstol, pero puso las manos sobre Pablo y las escamas de los ojos se le cayeron.

Mi amado, ¿qué quiero decirle con esto? ¿Por qué? ¿por qué aceptamos? ¿Por qué aceptamos vivir por debajo del poder del evangelio? ¿Y cuándo vamos a cortar con esta bola de nieve que cada vez se está haciendo más grande y nos está llevando barranca abajo? ¿Sí o no? Sí.
Hay que parar esta bola, hay que detenerse, hay que meterse con Dios como nunca antes, hay que hacer algo, algo distinto para que algo distinto suceda. Pero no te conformes, no te conformes hasta que veas a tus compañeros de colegio llorando porque la Palabra los está atravesando, hasta que vea a aquellos que les predicaste veinte veces en el coche, le predicaste en la casa, le predicaste en el trabajo y tú dices, no está pasando nada, no, no, escúchame, necesitas un poder superior, todavía no se te ha revelado el poder del evangelio, todavía el Cristo que está dentro de ti no se te ha revelado, de esa manera vas a arder para el Señor y te aseguro que cuando hables, va a pegar.

Nunca me olvido de una imagen, y no quiero hablar del pasado, quiero nada más dar un testimonio, no me gusta hablar de cosas de atrás, pero cuando tienen un sentido, sí. Nunca voy a olvidar, yo estaba en un Hospital en Lanús llamado El Vecinal, allí había un visitador, siempre con anteojos él, era de Laboratorios Roche, un muchacho ya grande de edad pero bajito, no me puedo olvidar, no puedo olvidarme que las tres, cuatro veces, que empezábamos a hablar, yo empezaba hablar con el evangelio, no podía escucharme, no podía parar de llorar, no podía caerse prácticamente al piso llorando y me decía, para, para, para, para, no podía, no podía soportar el peso del poder del evangelio que estaba llegando a su vida, no lo podía soportar.

Mis amados, ¿será que el mundo está duro o será que nos hemos enmarañado en las letras? No estoy negando que el mundo está duro, porque la Biblia dice que va de mal en peor, pero que vaya de mal en peor, ¿me va a mí a justificar tener menos poder? ¿Enmarañarme en la letra? Decir bueno, como está el mundo imagínate, ¿qué vamos a hacer? Veo cómo a la Iglesia, aunque habla mucho, temerosa, la veo escondida detrás de la puerta, sí, sí, hay victoria, hay victoria, hay victoria, hay victoria, pero adentro, eh, hay victoria, pero adentro.
¿Estoy siendo claro hoy?

Quiero ir al último pasaje, Hechos 11, para que veamos que esto es para todos, mi hermano, la Palabra lo confirma, Hechos 11, verso 19 al 21, voy a leer, dice así en la Nueva Versión Internacional nuevamente:

“Los que se habían dispersado
a causa de la persecución que se desató por el caso de Esteban
llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía,
sin anunciar a nadie el mensaje excepto a los judíos.
Sin embargo, había entre ellos algunas personas de Chipre y de Cirene que,
al llegar a Antioquía, comenzaron a hablarles también a los de habla griega,
anunciándoles las buenas nuevas acerca del Señor Jesús.
El poder del Señor estaba con ellos,
y un gran número creyó y se convirtió al Señor.”

Hechos 11:19-21 / NVI

Eh, ¿me dicen los nombres de los apóstoles de Chipre y de los profetas de Cirene, hermanos, que fueron ahí? No, no, no, no, estos eran hermanitos que estaban escapando de la persecución que vino por Esteban, porque los querían matar, así que se estaban escapando de que los mataran. Pero, ¿qué estaban haciendo, tenían miedo? No, ¿qué seguían haciendo? Predicando el evangelio.
Y estos dijeron, ¿y por qué sólo a los judíos? Si el evangelio es para todos, a nosotros nos enseñaron pues a todos, ¿y qué pasó? El poder del Señor, escúcheme, es que cuando se ministra a Cristo ahí está el poder, si cuando se ministra a Cristo no está el poder, no se ministra a Cristo, estamos fuera del evangelio, aunque tengamos toda la doctrina correcta y aunque digamos las palabras correctas, al diablo no le asustan los mensajes pero sí la autoridad, cómo le asusta la autoridad para que un pañuelo tocado por Pablo, un demonio salga del cuerpo de una persona. Tenía autoridad el hombre eh, ¿qué lo conocían? Pero temblaban, obviamente, obviamente.

Mi amado, creo que el Señor nos ha revelado algo en esta mañana y, ¿de qué nos habló hoy? Del evangelio. Pero no, si yo... del evangelio nos habló hoy. ¿Es muy difícil lo que nos habló? Del dragón de las diez cabezas, no, nos habló del evangelio, pero todavía, todavía, necesitamos revelación del evangelio. Es decir amados, para ser efectivos como ellos fueron necesitamos la misma revelación que ellos tuvieron. ¿Cuál fue esa revelación? Que el evangelio es Cristo y que el poder del evangelio es Cristo.
Hoy lo sabemos, pero ahora lo sabes aquí (en la cabeza), te tiene que ser revelado aquí, aquí (en el corazón), eso no lo puede hacer este mensaje, eso solamente Cristo lo puede hacer adentro tuyo, el mensaje te marcó el camino, el Espíritu Santo te marcó el camino a través de esta Palabra, pero quién te va a revelar esto en tu corazón es el Espíritu Santo.
Y te digo una cosa, nunca más vas a ser igual, lo más probable es que alguno de ustedes superen a muchos apóstoles llevando a mucha gente, sanando a muchos enfermos, tocando a mucha gente, porque esto no es de posiciones, ni de títulos, ni de lugares.

Vamos a orar al Señor.
Creo que hoy, le digo lo que vamos a orar, si está de pie le agradezco, digo lo que vamos a orar.
Yo, hoy siento de orar algo en primer lugar, bien claro siento y es esto:
Creo que hay personas, todavía en la Iglesia que creen que se entregaron a Cristo y nunca se entregaron, ¿cómo lo sabes? Si tú ves que tu vida no ha tenido transformación completa, que hay muchas cosas que no están transformadas, entonces necesitas entregarte a Cristo.
Ésta va a ser mi primera oración esta mañana, la que necesitamos, porque, ¿sabes qué pasa? No vamos a funcionar, ¿estamos dispuestos?

Señor, hasta ahora conocí muchas cosas de la letra del evangelio, pero debo reconocer que no he experimentado la transformación de vida que tu Palabra dice, estoy luchando con muchas cosas y muchas cosas en mi vida no han cambiado, siguen igual, pero no lo quiero más, no quiero hacerme, o hacer de, el cristiano o la cristiana, no quiero estar en un lugar simplemente ocupando un asiento o sirviendo, quiero experimentar la transformación del evangelio.

Cristo, Tú eres el evangelio, ahora me entrego por completo a ti, me entrego, dilo, me entrego por completo a ti, para que la transformación que sentí la pueda experimentar completa y absoluta en todas la áreas de mi vida, en mi espíritu, en mi alma, en mi cuerpo, en mi matrimonio, en mi familia, en la parentela, en el trabajo, en el estudio, en lo social, en la Iglesia.
Que la pueda experimentar y pueda manifestarla, de tal manera, que muchos lleguen a Cristo a través de mi predicación, Señor, a través de mi predicación muchos lleguen a Cristo. Señor, muchos.
En Jesús te lo pido amén.

Ahora vamos a orar por la Iglesia en general.

Padre, esta Palabra que me mostraste, me reveló que hay un tremendo velo sobre la Iglesia.
Señor, hay un desconocimiento en el Espíritu de lo que es el evangelio, y esto es triste porque la Iglesia es la única heralda del evangelio.

Señor, cómo nos hemos acostumbrado a los programas mundanos, al marketing, al show, Señor, cómo nos hemos dejado llevar de las narices por tantas cosas que no son tuyas, pero yo te pido, al Padre en el Nombre de Jesús, y dijiste, todo lo que pidamos al Padre en tu Nombre lo harás, está tu Palabra comprometida, así que de esa forma lo pido, comprometiéndote con tu Palabra y diciéndote:
Señor, despierta a tu Iglesia.
Señor, a los hermanitos sencillos.
Señor, si no quieren cambiar los que están dirigiendo, dedícate con todos los demás, Señor.
¡Ábreles sus ojos! Que huyan de los lugares de show, que huyan de los lugares donde todo es el protagonismo humano.

Padre, que te conozcan, Señor, que conozcan que el evangelio es Cristo, que el poder del evangelio es Cristo y que se vuelvan poderosos en ti para llegar a las almas, para arder por las almas, para salir a predicar el evangelio y ver que en su mano tienen cosecha de almas, ver que en su mano pueden ver sanidades, milagros y prodigios, pero no con un afán de crecer, de hacerse grande, de tener fama o de tener un ministerio, sino porque simplemente dirán siervo inútil soy, estoy haciendo lo que debo hacer y estoy tan alegre, estoy tan alegre, Señor.
Esto te pido por tu Iglesia, desde el más viejo hasta el más bebé.
Señor, sólo Tú lo puedes hacer, y reconocemos una vez más que tu evangelio es poder de Dios para salvación.

Y hoy lo declaramos: El evangelio es poder de Dios para salvación.

Dilo conmigo en voz alta: El evangelio es poder de Dios para salvación.
Dilo de nuevo: El evangelio es poder de Dios para salvación.

Una vez más: El evangelio es poder de Dios para salvación.
Amén y amén, Señor. Amén.



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